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Del todo y de nada... La alusión de un rastro de lo que nos pertenece... O quizás para rayar un poco de lo que queda...

lunes, 20 de julio de 2015

El Inconfundible Sabor de La Cerveza Artesanal, Una Narración Arruinada y El Significado de Ser Colombiano.

Advertencia al lector colombiano:

El texto que leerá a continuación tiene trazas de atropello contra su país y hacia todo lo que concierne a su etnia. Si no quiere ser reflexivo con lo que ocurre con su pituitaria colombiana, le sugiero abandone de inmediato este texto y procure invocar a la madre del escritor bajo su lengua bendita... Quizás así el escritor tome consciencia de una vez por todas, corrija su comportamiento y actúe finalmente como un ser humano decente, comedido y recto.


Confieso mi repugnancia por la charlatanería populista
 y más si se adereza con modales untuosos.
Antes que el patriotismo farsante prefiero a un separatista.
Al menos, sabe uno a qué atenerse.
Cristina Losada

El patriotismo es la virtud de los depravados.
Oscar Wilde.

Ella estaba sentada en la terraza y meditaba sobre la vida, con ese arte paciente de quitarse la horquilla lenta y con ligera presunción a la espera de su almuerzo retrasado. Su desborde de felicidad se denotaba con su infantilismo pueril en jugar “candy crush” y, al parecer, no lograba encontrar mayor satisfacción en sus afectos más allá de esperar una llamada. Intercambiaba el jugueteo de sus cabellos castaños con teclear sobre su iphone de última generación; esto interrumpido por el carraspeo ligero de su garganta a tiempos infrecuentes.

Allí estaba yo, a su lado, en la otra mesa, mirando con disimulo su derroche de aburrimiento, mientras mis sorbos de café eran constantemente interrumpidos por un par de adolescentes contiguas criticando a los hombres de su colegio con aire desprendido e inmaduro... situación normal en un café cualquiera...

La mesera agripada, quien a trancas y barracas atendía lo mejor que podía, le llevó a la mujer un menú “light” repleto de enunciados de bajas calorías y mucho vapor en cada plato. Ella comía solitaria con esa obcecada obsesión de mirar su celular ante cualquier repiquetear de cada mensaje, mientras cruzaba sus piernas bajo una falda larga negra. Se le notaba insegura, tímidamente abstraída y eso llamó mi atención.

La chica “candy crush” recibió una llamada que la hizo espabilarse con ligera agitación:

-¿aló? Hola...si...aja...pero, ¿por qué me dices eso? Tu estás en México y yo sigo aquí y te quiero ver pronto...

Yo, en son de alimentar mi desmedida curiosidad, agucé mi oído, mientras ella continuaba su conversación sin notar mi interés:

-¿¡Cómo!?... No, nada... No, ella me dijo “Ana, necesito que me entiendas”... aja... está bien... oye, ¿viste el partido de la selección Colombia? Ayer me puse la camiseta,... síiiii... me sentí tan bien... claro, ¡una chimba mi país!...¡ja ja!....

Sentí la ruina... pensé que se gestaría una buena historia de drama, que quizás ella se sentía poco amada, poco querida... quizás su amor no era correspondido... ¡en fin! Mil ideas fracasadas en un instante por un trapo tricolor y una vanagloria efímera... No negaré que me dolió...¡Quería que mi lápiz fuera estimulado! Pura potencia austeriana pero sin tanto finolis y coqueteo fatuo. Un drama al mejor estilo de Victor Hugo, pero sin catedrales, sin tanto trote y con mucha expresión sobrecogedora...

Como me han arruinado mi cuento, afloré toda mi energía escrita (y mi obvio malestar consabido) hacia algo que pueda darme algún tema a tratar. Sentado en aquel café recordé la última frase que dijo nuestra amiga y, junto con su nacionalidad (y obviamente la mía), me vi tentado a escribir sobre que significado tiene ser colombiano. De inmediato pensé que es un tema trasnochado, enmarcado por mucho sentimentalismo y por alguno que otro improperio foráneo. Esto me azuzó a escribir...

Así, me vi abocado a pensar que sería del colombiano despojado de su cédula y su madre; sin su Ricaute y sin su pandebono, sin su bandeja paísa y sin su fiesta de negros y blancos; sin sus empanadas de cambray y su buen chicharrón crujiente; sin su pan aliñado; sin Sanandresito y las ganas de regateo barato; sin empanada con ají y sin su recalcitrante frenesí fiestero.

Aviso de antemano que ningún trapo tricolor; afluencia de pesares y dolores; chauvinismos de relación pasional-imprecatorio y alegorías pre-Colombia me identifican como miembro de ese territorio. No me enorgullece ni una bandera ni un himno repleto de sacrificios cruentos, glorias bélicas hiperbólicas y denodados principios patrios manoseados y acartonados. No me siento representado por el mejor presidente que ha tenido Colombia (me perdonarán aquellos que orinen azul prusiano); me repudia esa plétora abanderada de tricolor de cada 20 de julio o en cada fiesta nacional, cada himno nacional con pecho henchido; no me enorgullece cada patada bien dada de Falcao y atribuírmela como mía; no hago mío a James Rodríguez (aunque juegue con el nunca bien ponderado Cristiano “el fatuo” Ronaldo) firmando para Pacific Rubiales su nuevo comercial; no tengo altivez por cada cantata de Juanes, Shakira o Carlos Vives y otorgármela como propia. No puedo hacer mía cada investigación de Rodolfo Llinas, Adriana Ocampo o de Jorge Reynolds... ¡lo siento impropio! Me siento tomándome atribuciones sobre esfuerzos no consagrados, esfuerzos a los que no he aunado fuerzas para empujar... esto sin quitar merito y valor a su trabajo y tesón...

Además odio ese etnocentrismo rodeado de leyendas urbanas auto-atribuidas comercializadas y poco fundamentadas: Hablar el mejor español del mundo; ser los ciudadanos más felices sobre este podrido orbe; tener el mejor café marca Juan Valdez de campesinos "made in Cenicafe"; tener una víscera sangrante entre espinas como símbolo... son sólo estigmas y vestigios de una señalización mundial que pierde calidez y valía por diplomacias ostentosas.

Sin quitar el hecho que, debajo de todo lo anterior, mis compatriotas y yo sufrimos un mal que denomino el síndrome del lactante: bellos, hermosos, dulces y desbordantes de ilusión... ¡pero cagados cada vez que se les ve en el interior!

Lo sé...tengo una crisis de identidad...algún día la tendría que tener, ¿no? Pero esta es una de mis tantas estadías en el exterior y siempre veo lo mismo: ese exabrupto, ese frenesí, esa altiva necesidad colombiana de enaltecerse como nación sobre otras. Esa Colombia futbolera post-mundialista y amante de Pekerman; esa Colombia repleta de egos televisivos; esa que prefiere una ponerocracia (del color que sea) de grandes egos encontrados en parlamentos a cambio de una a una república imperfecta pero más sensata; esa Colombia que se traslada “transatlánticamente” en pantalla internacional que encomia “Colombia es pasión”; esa notable y latente dualidad del colombiano que, como una máscara de Jano, nos sujeta al nacer, que me hace notar que adoptamos lo mejor y lo peor de un ser humano y que nos negamos a asumir... ¿será que todo eso reúne con efectividad la Colombia profunda? ¿Será que la Colombia que usted ve, dentro o fuera, es la Colombia que nos identifica?

Si es así y, viéndolo bajo lupa, la identidad de ser colombiano no tendría nada diferenciable a la identidad de un argentino, un brasileño, un ruso, un chipriota o un esquimal. Esto, condicionado bajo una óptica territorial, futbolística y repleto de simbolismos patrios y políticos no representa sino una cadena repleta de arquetipos violentos, inanes y acomodados que, si los suplanto en un espacio de 4 líneas geográficas en otro lado, terminaré queriendo a Gamal Abdel Nasser, me daría escalofríos el retorno de Faruq, tendría por mascotas camellos y estaría criticando otra bandera tricolor.

Entonces, ¿qué significa ser colombiano? ¿es la evocación de un 5-0 de antaño?¿una patria boba?¿un sancocho?¿creernos mejores que los ecuatorianos, los venezolanos y los peruanos juntos? ¿suponer ser mejores bailarines de salsa y merengue?

La pregunta me dio vueltas por muchos días y, a modo de investigación personal, me tomé el atrevimiento de hacer una encuesta, ligera pero sensata, sobre qué significa pertenecer a un país. De este modo, me largué al bar y, en medio de cervezas (más de las que ustedes esperarían), consulté a mis cofrades chilenos e inadvertidos conejillos de indias lo que significa ser pertenecientes a su patria. Mis resultados no fueron satisfactorios... ¡pero hubo múltiples respuestas! Entre ellas: “Ser chileno es matar peruanos” (¡!), “ser chileno es ser revolucionario”, “ser chileno representa mi patria” (¿?)...

Creo que escogí mal sitio y mala hora para hacer la pregunta, además porque terminé con mis cobayas experimentando con vodkas y cervezas artesanales deliciosas, discutiendo por n-esima vez la teoría expansionista del universo, lo buenona que estaba Amélie Nothomb y qué fue primero el huevo frito o la gallina al horno.

Al siguiente día, después de un guayabo feroz, continué con mis pesquisas identitarias y me encontré con más reflexiones críticas hacia Colombia... ¡incluso ya estaba teniendo una crisis con Manizales! (que dejaré para otro escrito). Ni Lobaczewski, ni Barth, ni Levi-Strauss me salvarían de esta... ¡No me echen la culpa a mí! ¡Fue la fuerza del guayabo!

Sin embargo, después de esta arenga en neurastenia aflorada, ¿qué nos queda? ¿nos quedará algo? ¿somos esclavos de nuestra condición y del tiempo?¿no habrá alguna cosita por rescatar?¿no se salvará ni Jota Mario Valencia y ni su avinagrada pandilla?

Creerán ustedes que, después de todo esto me queda sólo la repulsión por mi país. ¡Todo lo contrario! Al verme forzado a encontrar el acicate para amar a Colombia encontré más de lo que podría imaginar. Ya desde un inicio per se, siento que Colombia provoca en mi sensaciones por el simple hecho de que casi el 99% de toda gente que conozco, quiero y aprecio nació y reside allí. Colombia ya encierra mi pasado, mis encontrados sentimientos presentes y mi añoranza de mejor futuro. Allá, en ese recodo de Suramérica se encuentran tantos lugares de mi recuerdo: Manizales, Santa Rosa de Cabal, Santa Marta, Pereira, El Lembo, Medellín...

Como no recordar mi infancia con esas tardes manizaleñas, con un cálido sol de tierra fría con mi triciclo azul al arrojo del irrefutable efecto de la gravedad, a falda en pleno, y teniendo como freno mis zapatillas marca Bata. Recuerdo esto con el aplauso de mi papá, mientras subía la inclinada pendiente con el triciclo al hombro y los ruegos de mi mamá por no quebrarme mis posaderas que cumplían los seis años...

Recuerdo mi infancia con el primer viaje a la costa, mi primer tractomula colorada de madera (sí, esas que vendían antiguamente en las carreteras), la primera vez que fui a la ciudad de hierro; aquellas caminatas bajo la lluvia, mientras hablaba sobre mi mundo idealizado y el aroma de asfalto mojado llenaba mis sentidos... Muchos recuerdos me unen a Colombia...

En Colombia están las raíces de lo que soy y de lo que seré; es la tierra de la cual mi vida empezó. Allí aprendí a coger mangos y ciruelas, subir a los árboles, conocí los paisajes de mi ensueño, aprendí que no hay mal que dure cien años, aprendí a bailar (aunque no me guste admitirlo), jugué con mis amigos en bicicleta, aprendí a coger bolos, mis primeros paseos al río... esa tierra enmarca mis cambios, mis sueños y mi deseosa plenitud.

¿En qué otro país podría tener la posibilidad de tener a 30 minutos lluvioso frio y luego un radiante sol veraniego? Recuerdo aquellos trayectos con paisajes llenos de verde alrededor de las imponentes montañas cafeteras cuando el viento suave toca mi frente y alborota mis cabellos, mientras la temperatura sube suavemente. Recuerdo cuando salía a las montañas de Manizales durante la mañana a ver la cotidianidad de la ciudad en la lejanía, me maravillaba con el paisaje, entretanto las vacas pastaban y los campesinos me saludan amablemente.

Al vivir en tierras cafeteras tuve la fortuna de vivir mis mejores experiencias entre las plantaciones de café. Jugar a las escondidas entre los arbustos repletos de puntitos rojos; secarme al sol después de un buen chapuzón junto con los granos secos de café, mientras mis pies descalzos juegan con algún granito inquieto; ayudar a mi mamá a buscar algún saltamontes hambriento que se ha comido nuestras semillas; caminar en la noche de luna llena donde las plantas no parecen tan fantasmagóricas... ¡eso sí! con buena compañía... que tal uno solito por ahí, ¡ja! Vaya uno y le salga a uno la madremonte o la patasola...

Eso me recuerda la encantadora capacidad para que seamos dueños de nuestras fantasías y nuestros sueños. Somos gestores en salir adelante, ¡emprendedores dominados por el ánimo!; no nos dejamos amangualar por la desgracia, ni por nuestra mala suerte, ni el mal augurio. Esa resiliencia generosa, ese ímpetu inacabado y siempre enérgico es admirable (y créanme, ya bastante escasa). Con reverencia veo en la gente las ganas de ganar y vencer la adversidad a costa de trabajo y esfuerzo; hay en ellos habitualmente una consagración por el trabajo que supera la misma violencia intrínseca en nosotros. Somos creativos en el arte de sobrevivir, llegando a puntos de ayudarnos entre nosotros sin reparo y a costillas de compartir lo mucho o poco que tenemos... incluso por encima de nuestro tiempo y posibilidades, sólo con el candor de la voluntad.

Extraño las guayabas, las piñas, las moras, los mangos, los limones chiquitos que me puedo comer con cáscara y me hacen arrugar la frente. Extraño ir caminando en la calle y recordar ese aroma a chocolate caliente al caer la tarde cuando caminaba falda abajo por la cuadra de antaño. Recuerdo como llega ese aire a arepa caliente con queso y esa voz maternal que me llama a tomar el “algo”, mientras yo celebro mi comida girando mi rostro al pedacito de tarde que me queda...

Como no olvidarme del currulao, la cumbia, el pasillo y tantísimos géneros más. Ese coro “el pescador... habla con la luna, el pescador... habla con la playa, el pescador... no tiene fortuna, sólo su atarraya”... o “Ay sí sí yo no soy de por aquí, Ay sí sí yo vengo del Casanare”, o “ay ay ay ay no jale pa'lla, no tire pa'ca...”. Como no sentirme pleno y lleno de alegría al escuchar El Bunde Tolimense, Esperma y Ron, El Campesino Embejucao, La Cumbia Cienaguera, El Cafetero, El Chaflán o, incluso con la trilladisima Rebelión de Joe Arroyo (El hecho de disfrutar una canción a punta de nuestra cabriola saltarina y recordar eventos narrados en esa trágica epopeya, es un gran exponente de la paradoja del ser colombiano... ¡ven lo que les digo! Resiliencia.)

Esta música, esta expresión de poesía desde la más profunda Colombia ,¡sí son mis himnos! Esa autenticidad colombiana me llenan de orgullo al saber que puedo disfrutar de esos géneros in situ. Sus letras expresan la cotidianidad de antaño y de siempre. Sin prisa de consumo, sin florecimiento de odios, pureza de la expresión más delicada de mi tierra.

Destacando todo esto y más, Colombia es mi tesoro y el suyo también. Quiero morir en esa tierra pero no morir por ella. No puedo forzar mi corazón a la entrega de alguna injusta confrontación bélica, sea cual sea... y para quien sea. Quiero creer que los colombianos podremos salir del aprieto que nos ha ofuscado por décadas, sin elucubrar fórmulas complicadas, clamar por adalides biliosos y cruentos o esperar que los suecos o los noruegos nos vengan a salvar.

Hay que potenciar nuestra condición benigna; nuestra interacción con el mundo debería mostrar nuestro exotismo, nuestro aroma peculiar, nuestra destreza y osadía convicta por nuestra energía interna indistinguible. Ya es hora de ver nuestros actos y consecuencias alejando nuestras características perniciosas auto-infundadas o nuestras proclamas de victimismo patriótico y político.

Nos hace falta apropiarnos de lo nuestro como conjunto y no por secciones. Requerimos apropiarnos de esa Colombia profunda que yace en las entrañas de cada uno de nosotros y que late por salir adelante...

Bueno, sólo me queda quitarme estos vestigios de guayabo. Ya quiero estar entre ustedes para otra sesión de perentoria abundancia de teorías bajo el influjo de cerveza águila y, por qué no, uno que otro aguardiente caldense.

“Colombia es como una mujer fatal, de esas que lo marcan a uno para siempre: puede que haya unas más guapas, más cultas, más adineradas, pero uno la quiere a ella…
Por encima de todas las cosas. Por algo será.”


Oscar Trujillo M.

A.A.K

Pala - Colombianito.

 

Qué será de mi país. Silvia Viviana


miércoles, 8 de julio de 2015

Mi Lengua Te Recorre...

Pasan mis frases por tu prolongado corzo,
rizan las costas de tu cuello nevado,
Mis letras se tientan con tu recodo delicioso,
Y mis esdrújulas cierran sus ojos indecorosos.

Bajan mis letras por tu ajustado blusa,
Y dan un vistazo a tu interior tentador
Se estremecen mis alejandrinos y mis tropos,
Y mis ojos se deleitan sin prisas ni asomos.

No me atrevo a mirarte, caen tus ropas sin dilación
Te miro con mis gritos y mis cacofonías sueltas,
Busco el anagrama físico y la fuerza de tu desnudes,
mis aforismos pisan ya sin sentido, perdieron lógica y robustez.

Me deslumbro en la aurora de tu canalillo profundo,
un desenlace perentorio como constelación personal,
Quieran mis letras reflejar el pleno de tu luz en candil
Logras cerrar tus pechos con travieso mordisco y ardid

Bajo por tus caderas y me empino en tu piel
Quizás debería girar mas hondo, allí donde todo esta al revés
No me atrevo a pasar por tu espalda ni por tu ombligo,
Te perdería con mi seca etopeya, con simplón arquetipo.

Me agacho al pasar por tus rodillas,
mientras muerdo tu ropa interior,
¡Prosopopeya!, besas lunares y pecas... ¡no quieren dejarte en paz!
mientras mi lengua pasa húmeda, frágil y salaz.

Con elocuencia bajo y subo, desde tu cabeza hasta allá,
sigo bajando con cuidadito y sin prisa inefable,
Viro un poco encontrando oriundos tus delicados pies,
te invoco con mis paradojas y les exprimo hasta la tes.

Quiero encontrar mis retratos y mis retruécanos
Mis hipérboles y mis deprecaciones están perdidas,
junto con mis retórica, mis etopeyas y mis elipsis,
¡no más imprecaciones y callo! Eres mi símil de Isis.

Con repeticiones, mis pensamientos vuelan sobre ti,
mis anáforas te buscan y te suplican en clave de sol,
me postro ante la impiedad suplicante de tu pecho
busco el acomodo amable, símil con parecido y lecho.

Es toda una ironía pero te ensueño completica,
cada vez que te espío desnuda en mis quimeras,
cuando te veo sigues estando igual y vestida,
pero mi lengua duerme liviana, pura y sin prisa.

sábado, 13 de junio de 2015

Epístola Desde Un Aislamiento.


Un viejo escrito que me encontré... 

“El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.”

“...el grado de civilización de una sociedad puede ser Juzgado al entrar en sus prisiones”
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Fedor Dostoyesvski.




Sacale punta a mi lápiz, ¡tienes que hacerlo! Ya sabes, tengo tooooodo el tiempo del mundo, ¿no? Veras, así me respingo la idea de que podré afilar mis ideas. Sí, lo sé... Una idea bastante absurda y, sobre todo, rodeado del hedor de reclusión... Pero no importa, ya que estas aquí, lo entenderás. ¡Yo ya lo entendí! Parezco un canario... un puto canario caminando entre estas cuatro paredes ociosas que silban mi destierro...

Sé que te han contado cosas de las prisiones... Que las has visto como en las películas o como en los cuentos de Dumas... ¿aún sigues creyendo que tenemos al prisionero con la máscara de hierro durmiendo en un pajar? ¡Qué linda es la ilusión! Eso fueron otras épocas paupérrimas. ¡Pero eso si! Mucho más honestas que esta... Aquí cómo ves, sólo hay miradas vidriosa y deseos en etapa terminal; movimientos involuntarios y carcajadas estúpidamente acomodadas al ser espoleadas por nuestros miserable encierro... la naturaleza corrupta en su flor más rojiza.... y, por supuesto, adobado todo con dolor... mucho dolor...

¿Cuanto llevo aquí? Me parece que ha sido una eternidad; pero ya son tres años, tres largos años de abortar la cordura... Tres años, mi calvario, mi infierno...

Pero sigamos... Cada vez me siento más literato, tengo todo el tiempo del mundo para serlo. Como una novela de Dostoievski, levanto mi mirada y sólo veo reclusos con ojos frágiles y miradas perdidas en su encierro. Me preguntarás por el qué hago aquí, ¿no? Ya no importa la razón por la cual estoy encerrado, ni importa cuanto más estaré aquí...

Cada mañana veo a mi lado mi compañero de celda contar de manera inane y autómata los ladrillos en la pared. Las moscas rondan los barrotes y los chillidos de las ratas socavan nuestras almas escondiéndose al ver la luz solar mortecina.

Mi hueco toser me levanta y retumba sobre los muros... me hace recordar la soledad de mi cordura y mis ensueños perdidos. Los grilletes crujen ante los movimientos involuntarios y las facciones estultas de muchos de los presos se recrudece. Esta maldita tos retuerce mi cabeza exprimiendo mis avatares existenciales y me golpea aún más el sonido oxidado de los resortes de este colchón roído.

Me acurruco para sentirme ligeramente vivo... Abrazo mis piernas... no tengo más.... Ahora sé que mi cerebro ha estado ocupado en una misa de 24 horas. Sé que estuvo acompañando a dios; ¡sí, a dios!... a esa máquina prefabricada para servir a las pasiones; restrictivo y duro; contumaz y perenne; aguerrido y paupérrimo; gobernado a su capricho y querencia. Sé que me incomoda su presencia con sus arrogantes adalides y su pendenciera justicia... Los presos se aferran a él...¡no sé ni para qué!. ¿Me creerías si te digo que esa pantomima de rezar sólo le queda bien a los mimos?
Él ya me ha derribado muchas veces... ¡Oh!, ¿no lo sabias? ¡lo hizo!... No lo volverá a perpetrar, ¡mierda, eso te lo juro! Él no me prestó ningún servicio con las esculturas de sus quimeras, turbó mi espíritu sin iluminarlo, y debo odiarle en vez de agradecerle. Desesperanzador, ¿no? No te preocupes, para aliviarte sólo es cuestión de que quites los cerrojos de la ilusión, escapar de esté oscura reclusión y podrás escabullirte.

Salgo de mi cama, alzo la mirada a mis barrotes, me arrodillo y rezo: quisiera agradecerte, señor mio, porque me has turbado, porque se que cada ve que piso este suelo, tendré el recuerdo de mis más profundas pasiones totalmente rotas y que sólo tú me las has cohibido; te tengo presente en mis sueños como una querella entre el dolor y el sufrimiento; turbas mis sentidos con tu existencia y sólo edificas miserias en mi conciencia.
 
¡Shhh! ¡Cuidado! No hay que hablar, ¿lo oyes?... Ahora mis pensamientos son interrumpidos por la bocina de la prisión, quejumbrosa e hiriente... retumba a los mil vientos la gangosa y roñosa voz de las tareas matinales. Zumban en mis oídos la adusta voz de naturaleza corrompida del jefe de la prisión. Las celdas se abren lenta y pesadamente para ver sólo semblantes cansados y los presidiarios se arrastran ante una nueva y pesarosa cotidianidad.

¿Libertad?, ¿Derecho ante el tribunal? ¿Igualdad? ¿Sentido común? ¡¿Pero qué dices?! Aquí, poco a poco, nos envuelve la esperanza travestida, el padecimiento asalto por giros rutinarios y los gordos carceleros solapados.

Bajamos a comer... ¡Mira!, creo que dentro de poco prenderán la televisión. Nos irradiará con sus lucitas matutinas y, como si nos hubieran cosido los ojos, ¡no podemos parar de verla!... de adorarla. Lentamente se acerca el carcelero regordete con su mirada porcina ha cambiar el canal. Le grito desde mis adentros: ¡por favor!, no la apagues..., por lo que más quieras, ¡no lo hagas!, es lo único que me apaña en este mundo persuasivo que me invade. Quiero ver como agitan el culo en el comercial de gaseosas, quiero ver a mi gente en defenestración moral, ¡esa es “mi people”!, quiero ver “realities irrealities”, quiero ver caprichos sexuales y corrupción de menores; quiero telenovelas sin comerciales... Todos, de todos los tipos... ¡Completicos todos!, que me recuerden que estaré mejor allá que aquí... o que me recuerde que no estaré mejor ni allí ni aquí...

Va y viene la rutina... me preguntarás, ¿realmente estaré aburrido?, ¿será que nunca se ha ido lo expectante? ¿se habrán suicidado mis palabras? Recuerda que esto es como una sala de cirugía; es una autopsia lícita donde recogen y profanan nuestros restos, nuestra intimidad, nuestra conciencias. Te sacan uno a uno tus sentidos, ¿estarás ya preparado ya para la rutina?

Le cuento a mi psicólogo y moralista personal... ¡Mira disimuladamente!, si detrás de mi... Aquel grandulón del 305... En fin... A él le conté que aún abundan mis pesadillas entre los barrotes, que me he vuelto maníaco-dependiente a las lentejas carcelarias; que sufro de esquizofrenia por convivir con la realidad y mi pesarosa existencia; y que probablemente el preso de la 203 está enamorado de mis secas posaderas. Él, aferrándose a mi cama, con su profundo conocimiento de la psicología presidiaria, asiendo teorías conductuales de Skinner y Pavlov y, con la profundidad de su colorida y profunda voz, me dice que me va romper la cara sino me callo y pondrá mi prepucio como monumento a los caídos.

Pero, ¿qué quieres que haga? ¡¿no dicen que el que guarda malestares guarda pesares!? O, ¿no era realmente así que decía el proverbio popular? No importa ya... ¿Qué quienes fueron mis jueces y mi jurado? Supongo que alguien, ¿no? ¡Eso ya no importa! Lo que importa es que en cada uno de nosotros hay un vago, un iracundo, un vicioso, un haragán, un libertino, un pequeño tirano, un melancólico... por eso pagamos condena... Por la concepción no ejecutada, por ser delincuentes in fieri, por el potencial de la suspicacia. ¡Recuerda!, un apresado antes de la ejecución de su pecado, reflejará una sociedad en paz e inocencia en su bienestar común... ¡Todo el mundo feliz después de que hayas pagado! ¡Hay que cuidar las buenas costumbres de nuestros conciudadanos! La buena y barnizada lógica y el presentimiento ante el delito es nuestra mejor arma contra los opositores y antagonistas de esta cofradía humana, ¡Viva nuestra sociedad impoluta y libre de pecado!

¿Oyes? Escucha... Son los reclusos reunirse alrededor de su platica impertinente; esos que hablan sobre el último arroz chino que se comieron en patota y tenía pupas de cucarachas; esos que sus risotadas estremecen las verjas y se ríen de los mismos chistes pornográficos transmitidos por diferentes canales; esos que siguen burlándose del último bufón de turno y de sus chistes trasnochados, pedigüeños y morboso.

¿Los viste? Bueno, no importa ellos no se fijaron en ti por fortuna... Estaban desmembrando por partes a esa nena que esta visitando al 475... A esa nena de pantalón blanco descaderado, a ella que sólo le queda refugiarse en sus moretones y frustraciones... ¡Ay! En fin...

¡¿Como que no lo tenés claro?! ¡Después de todo lo que te he contado! Deja tu cinismo que ese soló le queda bien a Macbeth. Yo ya no soy persona, no soy dueño de mi vida, no tengo voluntad, mi poca autoestima ha sido mutilada, acallada a patadas; esas bonitas cualidades, esa defensa de mi individualidad, esa autonomía emocional y libertad para ejercer mi propia personalidad fue arrebatada desde que entre aquí; desde que el último sello de este encierro sonó aguda y profundamente.

Ellos me necesitan, lo sé... ¿Cómo que por qué? Pues para sentir poder sobre alguien, necesitaba reafirmar sus carencias, necesitaba alguien a quien humillar a quien doblegar para sentirse menos miserable, para sentirse más fuertes...

Se hace tarde. ¿Ves la hora? Será mejor que te vayas y yo también...Los guardias me apuran... Mañana tendré que volver... Sí, debo retornar mi encierro, mi blanco encasillamiento...  el “bip” de la puerta giratoria de la salida de la prisión, al poner mi tarjeta de acceso, me abre camino a mi celda en este encierro desesperante... 




Como es de público y notorio conocimiento, la cárcel desde tiempos inmemorables, es la casa del delincuente, mas allá de ser pabellón policial o de fuerzas de seguridad que, in aeternum, el uno no deja de ser la cárcel y, por otro, no deja de albergar delincuentes.


A.A.K
Un clásico salsero...  El preso de Fruko y sus tesos con Wilson Manyola
Graham Nash con Prison Song
Thin Lizzy - Jailbreak



James Carter - Po Lazarus


martes, 2 de junio de 2015

29 Pasos.



“Las apariencias son la fuerza que mantiene nuestros demonios en orden y, 
en la obscuridad,
todos sucumbimos al poder magnético de lo abyecto y de su energía liberadora”.
David Lynch.

“Con mensajes de vida, estas cartas se apresuran hacia la muerte”
Herman Melville.


Otro café y otra tarde que cae. Esto cada vez se parece más a un déjà vu. Creo que he vivido esta historia mil veces. Me dirijo a una mesa libre e, impetuosamente, me quedo quieto al ver aquel pajarillo atacar al gusanito impedido en el suelo (Mi café caliente casi se derrama por mi súbito detenimiento); lo tiene atenazado entre sus patas y su feroz pico lo dirige hacía la indefensa lombriz..., ¡el resumen de mi vida!. Supervivencia en su estado más cristalino... Al ver aquel pajarito, me invade de nuevo ese malestar nostálgico de aislamiento sentimental continuo que he vivido desde mis continuas separaciones. "Supervivencia" me digo y lo recuerda mi soledad. Me siento incomprendido y no entiendo por qué... ¡Soy un hombre de simples gustos! Es que es como dice la canción, " las cosas más triviales se vuelven fundamentales"... ¿es tan difícil encontrar a alguien con cierta afinidad y cercanía? ¿Seré yo el problema? Definitivamente, encontrar pareja en estos días es una labor faraónica y colosal...

Me senté en una de las mesas disponibles en el pequeño jardín afuera del café y allí, delante mío, se gestaba otra historia como muchas que he visto. Estaban dos chicas hablando en voz baja, no querían distracciones ni una clara e injustificada intromisión mía pero, entre más se ocultaban, más predecible era para mí saber lo que ocurría.

Una de ellas, ligeramente agachada y con las manos enlazadas entre las piernas, lloraba y sus lagrimas caían lentamente. Sus sollozos eran interrumpidos por alguno que otro auto con algún soniquete estridente. Su acompañante la aconsejaba y consolaba sin prisa y, con sus lentes de marco rojo, daba la impresión de crear un aura de expiación psicológica y sentimental...

El sol cruento se ocultaba, escupiendo sus últimos rayos luminosos de este día moribundo... yo sólo recordaba los eventos anteriores y su contingencia acumulada...

****

Me encuentro en el apartamento y ojeo el libro de Elvira Sastre que Amalia me regaló en mi cumpleaños. Decía:

“Yo no quiero hacerte daño,
quiero llenar
tu cuerpo de heridas
para poder lamerte después,
y que no te cures
para que no te escueza”.

Inspirador para esta noche... hoy será la noche en que Amalia verá los 29 pasos...

¿Que qué son los 29 pasos? No nos adelantemos...

La cotidianidad y el tedio hacen de las suyas sin dilación entre Amalia y yo. Algo siniestro empezó a tener génesis y, al final de los días, no podía soportar ni su caminar pero, a la vez, la quería con lo más profundo de mi alma. Al principio, tuvimos nuestra era iridiscente y tórrida. Ella me hizo olvidar mi sonambulismo perpetuo y mi consabida misantropía lóbrega; yo le hice olvidar su proscripción conceptual y su incandescente soledad tinturada con resignación. Me olvidaba de mi trabajo al contarle mis volteretas intelectuales y, al besarla, el mundo se me hacía inmarcesible; ella olvidaba sus manifiestas epifanías angustiosas al acariciar mi cabello. Además, sin elocuencia pero enérgico y siempre espontáneo, el sexo era fabuloso. Sin pretensiones más allá del regocijo más puro y espiritual, nos sumergíamos en el libidinoso conocimiento de hacernos lo que nos gustaba, desde lo más sensible y carnal, hasta lo que llenaba nuestras imaginaciones de parapetos sexualmente inalcanzables... pero esa época ya está consumadamente concluida...

Hace ya dos años que no me regala nada (no es que sea superficial), pero ya no vamos ni a cenar fuera, ya ni vino nos acompaña en nuestra mesa. Su afecto es ausente, pusilánime y decadente... Su amor se convirtió en una pradera de correcta y púdica mojigatería y su cariño desmedidamente cotidiano y tedioso... Extrañaba tocar a Amalia pero ella y su manera de ver el mundo, lo había vuelto pertinaz, turbio y difícil. Hasta el sexo se había vuelto bilioso y desganado. Ella lo sabía, pero la trinidad pareja-trabajo-educación estaba cumplida para ella, ¡ella estaba realizada como ser humano!, (ese era su proverbio) y no deseaba que fuera alterado ni siquiera en los barrotes de esta maldita jaula aburguesada.

Son las 7:30 p.m y es tiempo de su arribo. Amalia llega cansada, con ojos apáticos y me da un suelto y soso beso en la mejilla con un "hola-cómo-te-va-Joaquín" rutinario, mientras se dirige a la habitación a quitarse sus accesorios de rigor. Se nota que su mundo circundante estaba ya sin referencias que movieran su mundo y, vacío y sin sentido pulsante, ya se había acabado su predicado, sólo le quedaba el sujeto conjugado “yo quiero, yo necesito, yo debo”... Se había acabo su potencia divina, el fulgor que me enamoro y que no encontré en otra mujer. La mujer que admiraba se diluía lenta y pausadamente en una neblina de hastío y de servidumbre laboral y acomodada.... no creo poder continuar así y no puedo seguir viéndola así...

Hoy, por delegación programática, es mi turno de hacer las tareas hogareñas. Serví la cena como ella siempre la prefería: baja en calorías (ella nunca gustó de los recalentados, eso era de pobres), los huevos fritos sin mucha mantequilla, de gallinas “felices” y ligeramente salados; un te nipón de canela con miel; pan integral con semillas de ajonjolí; y una tarta con queso crema marca “Philadelphia” con moras dulces orgánicas y harina sin transgénicos.

Como ella odiaba el silencio en nuestras cenas, puse un swing suave (hoy de Charlie Parker) como todas las noches. La llamé a cenar y, sin mirarnos, nos sentamos en la mesa...

-Eso es lo que me preocupa del país, estás con nosotros o en contra; izquierda o derecha, estado azul o estado rojo... ya nadie se plantea cual es la posición correcta.- dije yo rompiendo el largo silencio rellenado forzosamente con suave jazz.

-¿Y cuál es la posición correcta?- dijo Amalia levantando una ceja y con una mueca de incredulidad.

-No lo sé... Nuestra capacidad de razonar es lo que nos hace humanos pero, últimamente, renunciamos al don de la razón a cambio de la agradable sensación de pertenencia a un grupo. Ya todos queremos pertenecer a un grupo. Asumimos la posición de nuestro equipo sin reparos y miramientos... yo lo he hecho y me he odiado por eso.- Agregue bebiendo algo de té.

- ¡Carajo! Jamás te había escuchado hablar a alguien con tanta coherencia.

- Yo siempre lo hago, lo que pasa es que tú escuchas de forma intermitente.

-¡Grosero! No quiero hablar más contigo...

-Por favor Amalia, no te pongas así. Se me salió, discúlpame. He tenido mucho trabajo últimamente y, como sabrás, no es muy grato estar detrás de mi jefe y sus ganas de lamerle sus almorranas y las del nuevo director de proyectos. Por favor, terminemos de cenar con tranquilidad... ¿qué tal estuvo tu día?....

La cena pasó de largo entre el baile monosilábico de Amalia, mis preguntas imperiosas que demostraban un interés ya travestido y ausente, y el flujo del jazz de Benny Goodman y Diane Krall. Me sentía miserable por hacerle eso, era completamente deshonesto con ella buscar un dialogo preso de la rutina y el hastío… pero los 29 pasos lo arreglaran todo, ¡todo!, estoy absolutamente seguro de ello...

Terminamos de cenar y, tomando los platos sucios, los empecé a llevar al fregadero, limpiándolos someramente y poniéndolos en el lavavajillas que habíamos comprado juntos. Ella, aficionada a las comedias ligeras y como acostumbraba al llegar del trabajo, veía un capítulo de Big Bang Theory riendo ligera e intermitentemente; además, para no soportar los odiosos comerciales, se distraía chateando por su celular.

Al terminar mi última faena domestica de la noche, me acerque al sillón donde ella reposaba. Le bese la cabeza y dije:

-Y que tal si te muestro finalmente algo que siempre te he prometido... ¿eh?, ¿qué dices?. Tan sólo déjame poner algo de música... ya verás. Pongamos “Pedro Navajas” del viejo Rubén...- Dije accionando el reproductor de música y tomé el mando del televisor apagándolo.

-¿Por qué me lo apagas? Estoy viéndolo...

-Vamos... ya sabes que ese capítulo lo repetirán n-ésimas veces la próxima semana... Además mañana sabes que no nos podremos ver....- Le sujete las manos ligeramente.

-¿Y qué? Nos podremos ver tarde en la noche y lo sabes... a menos que estés muy cansado, cosa que ocurre más habitual de lo normal...- Me dijo con una mueca sardónica.

-Lo sé, lo sé. Pero lo que no te he dicho es que esta noche quisiera darte algo especial... ¿recuerdas los 29 pasos de los que alguna vez te he hablado? Hoy es el día. Esta noche te los quiero mostrar.- Le decía mientras la ayudaba a levantarse del sofá.

-¿Por eso pusiste Pedro Navajas? ¿Con que eso son tus famosos 29 pasos de los que tanto te ufanabas?, ¿unos simples pasos de baile?- dijo ella con voz sarcástica.

-No, te equivocas...- Le dije mientras la tomaba por el talle y le di un dulce beso en la mejilla.- Es el frenesí de un exilio que siempre busco cuando estoy algo loquito. Es mi escape a este maldito mundo ausente de paráfrasis... cosa que sabes de antemano, ¿no?-

-Jum... No te creo nada... Pero vamos a ver, déjame ver que son esos famosos “29 pasos”... dale pues que debo madrugar mañana a trabajar- Me decía mientras simulaba las comillas con sus suaves dedos blancos.

- Perfecto... ven aquí... ¡uepa!... 1, 2 y vuelta al 3...

-Lo sabía, mentirosito, eran pasos de baile... - Me dijo con aire conformista. -...Oye, quiero preguntarte, ¿por qué no me volviste a querer como lo hacías? ¿por qué no me has vuelto a tomar con la pasión que lo hacías?, dime...

-Amalia, no es sólo sexo lo que quiero, es la suavidad de la intimidad lo que está ausente entre nosotros, el sexo es colateral... mira, 3...

-Aja... pero, ¿por qué? ¿por qué no me volviste a decirme cosas bonitas?, ¿es que ya no te gusto?-

-Ya te lo he dicho muchas veces. Mi sensibilidad no está enteramente ligada a mi boca... prefiero seducirte...4, 5, 6... ¿no te parece chistoso? Ahora lo estoy haciendo contigo y siempre lo he tratado de hacer contigo, pero tú mantienes en tu mundo...

-Pues esto no le veo ni cinco de gracia... ni a esto ni a tus putos 29 pasos...a demás no entiendo nada de lo que dices...- dijo ella con conato de malhumor.

-No te enfades, por favor... Te prometo que al finalizar los 29 pasos haremos lo que quieras... Todo lo que siempre has deseado... 7, 8, 9... y luego 10 hasta el 13... tan tan tan...-

-Pero dime, ¿por qué has cambiado tanto? ¿por qué ya no me escribes como antes?-

- Mi imaginación ha suplido lo que no decían mis palabras contigo... a veces nuestra imaginación suple lo que con nuestras letras hacemos ausentes... siempre has estado en mi pensamiento Amalia... 14, 15, 16 y voltereta para el 17.- le dije mientras su cabello brillaba a la luz de la lámpara de la sala.

- ¡Basta! No quiero seguir más este estúpido baile... ¡apaga eso ya!... no escucho ni mis pensamientos... está demasiado fuerte la música y tú me estás respondiendo con evasivas...- Me dijo con rotundo enfado mientras se separaba de mi con un ligero empujón.

-Por favor, te lo ruego... déjame, permíteme abrazarte... sólo por hoy, déjame seducirte por hoy, como era antes, como siempre te ha gustado y has extrañado... sígueme preguntando y te prometo que responderé concretamente a todo lo que quieras, pero déjame seducirte, sigue mis pasos... sigue mis pasos.- Le repetía mientras le tomaba de las manos mientras Pedro Navajas me electrizaba y el calor de sus manos suaves y tersas tensaban mi mandíbula.

- De acuerdo...- Me dijo con total resignación.- ...Dime, ¿es que ya no me quieres?-

-¡Por supuesto que te quiero!... 18 y 19... 18 y 19... Lo que sucede es que tú deseas un súper hombre que enaltezca todo tu narcisismo y ese peso no lo quiero cargar, es demasiado para mí y para mis flacuchas carnes. Siempre te he querido y siempre te querré, pero cargar un lastre de tantas expectativas es imposible para mi...y creo que para cualquier hombre... es un vaso difícil de llenar... 20 y 21, 20 y 21.-

-¡¿Qué?! ¿Qué carajos te pasa? Eres un miserable insensible... ¿¡cómo te atreves a decirme eso!? Todo este tiempo que he estado contigo, te he querido y amado Joaquín... cómo te atreves...- Me dijo con un nuevo rechazo más brusco y fuerte.

-Mira... hemos pasado muchos eventos juntos. Jamás me había sentido tan cercano y amado por alguien... pero también nunca me había sentido tan débil e impedido. Tu felicidad no puede llamarse Joaquín; tenemos que vivir nuestra compañía en paralelo, no entremezclada ni interdependiente. Responsabilizarme de tu felicidad es una tarea colosal y tú mundo no es mi mundo; tus amigos no son mis amigos. Te he dado la libertad que querías, pero tú me has dado tu concepto de libertad: dinero acumulado, viajes que tienes para alardear con tus amigos y un trabajo que te carcome tus mejores años. Tú eres feliz y te regocijas de ese estado, pero yo me siento desdichado e incompleto... Pero no quiero que te pongas mala... ven aquí... ya verás que lo resolveremos, créeme...- Le dije mientras volvía a tomar su mano. Ella la rechazó sin dilación.

- Te lo he dado todo Joaquín, ¿y así me tratas? No seas miserable, cobarde y descomedido. He gastado mis mejores años contigo, dándote lo mejor de mi... ¿y me lo reprochas? ¿Qué es entonces? ¿Tienes alguna zorra por ahí que te calienta la entrepierna? ¿Lo hace mejor que yo? ¿perdiste el gusto por los dildos que tanto te gustan? ¿algunas de esas zungas con las que trabajas te ha regalado un librito de auto-ayuda en el cómo superar tus inseguridades?-

- No es nada de eso...- Le dije con calma. -Por favor, ven aquí, quiero que trates de entenderme, pero sólo he escuchado tus reproches. Quiero que por una vez me escuches sin interrumpirme porque lo haré sólo una vez... después de lo que te diré, me entenderás... créeme... pero déjame decirte lo que he pensado durante tanto tiempo, déjame abrirme ante ti... Y quiero que te dejes llevar... sólo una vez... una vez... estamos a punto de acabar- Le dije mientras me aproximaba y le susurraba en el oído. Amalia me miraba con suma extrañeza, pero aceptó mi acercamiento con ligera resignación mientras le tomaba de las manos de nuevo.

-Muy bien... continúa- Dijo ella mientras posaba su mano sobre mi hombro y seguía mis pasos.

-Ahora, te mostraré los pasos finales... aquí va el 22 y el 23... Eso, así... Quiero decirte que, a pesar de todo, nunca he estado con alguien como tú. Me gusta dormir contigo y sentir tu piel cerca a la mía, me encanta sentir tu vaho en un beso dulce... 24... Quiero que sientas que, a pesar de nuestros problemas, no te he dejado de sentir y de amar con todas las fuerzas de mi ser y que, a pesar de que te he reprochado nuestra convivencia como un malestar, no he dejado de pensar que estos son los mejores años de mi vida... 25... Mi vida siempre estará ligada a ti... 26...- Le decía mientras le susurraba al oído y ella ligeramente calmada, se tranquilizaba siguiendo mis pasos.

-... 27...- Mis manos pasaron a su talle y sus manos se posaban suavemente sobre mis hombros. Ella me miraba fijamente.

-Amalia mía, recuerda que eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Tú lograste lo que nunca hubiera podido solo... Elegir se había vuelto una tortura para mi... 28... Me ayudaste a definirme y a dejar de sortearme.. Por eso te amo Amalia....- La miré fijamente.

-Yo también te amo, pero...- Me dijo mientras yo la abrazaba con leve fuerza...

-¡Y 29!- le dije mientras mi fuerza se volvía maximal y me convertí en lo que siempre fui, en lo que quise ocultarle, en lo que ella apago temporalmente y no puedo ocultar más. No puedo detenerme ahora Amalia, ya es demasiado tarde... ya conociste lo que era y ahora me conocerás completamente. Me quitaré la piel ante ti y descubrirás mi rostro... ¡Jano mostrará su rostro y te sonreirá!... Soy una anaconda reptante, un depredador a punto de atacar...

-¡Aaahhgrrr!....¡Mmmmmmh!- Grito ella mientras clavaba con todas mis fuerzas la navaja suiza que ella me regalo en la mitad de su espalda. Directo a su columna vertebral y sin consentir más... Sentí como se estremecía mientras tapaba su boca firmemente con mi otra mano y caíamos ambos al suelo. Sus ojos despedían lagrimas y terror. Mi mano se empapaba de sangre caliente. Habíamos llegado al paso 29... Ahora sonaba "Espérame en El Cielo" de Celia... me sentía pleno y completo...

-Mi amada Amalia, siempre te he querido y siempre serás quien me enseñó a amar profundamente... pero no puedo seguir así... Cargar con tu autocompasión, tus miserias y tus temores se me hizo imposible.... ¡te volviste el jardín de mis torturas! Y, por más que quise que no conocieras que había detrás de mis 29 pasos, tuviste que conocerlos...¿por qué? ¿POR QUÉ?... Todo hubiera sido más simple si me hubieras escuchado por las buenas, si hubieras entendido lo que había detrás de mis reproches y mis regaños. Trate de salir de un agujero muerto que tú me obligaste a zanjar... Soy un animal moribundo, víctima de la resignación de haber creído encontrado el amor. Ahora veo que, después de haberme ilusionado como las demás, no me dejaste opción... me dejaste sacar los 29 pasos- Le dije y le di un firme beso en su bella frente bronceada. - Hago esto porque te amo Amalia... Sé que no puedo cargar con tus miedos, pero si no los cargo yo, no lo hará nadie más...-

Ella apretaba mi pecho vigorosamente y golpeaba mi espalda mientras retorcía el cuchillo por su espalda. Sus ojos se cerraron fuertemente al sentir la cuchilla moviéndose... Ella sólo podía ser mía, MIA... Y de nadie más... Ahora ya no habrían más temores, sólo calma y pasividad.... Una calmosa soledad empezó a avasallarme... cálida, enérgica y sedante...

Los brazos de Amalia caían lentamente y su respiración era cada vez más lenta. Faltaba poco para completar el paso 29, era cuestión de tiempo. Saqué el cuchillo de su espalda y le di mi último beso en sus labios trémulos y dulces.

-Adiós Amalia querida... siempre serás mi preferida.- Y cerré sus ojos...

****

Me gusta ver el cielo cuando estaba completamente azul. Sabía que lastimaba mis ojos, pero no me importa. Quería el abrazo de aquel azul estelar y la gloria de un vuelo por los aires en esta tarde que cae. Cada vez que el cielo estaba así, venía a este café a leer a Sade o al que tuviese a la mano...

¡Ah!, cómo olvidar a Amalia. Sus ojos verdes me enloquecieron desde el primer momento en que la vi. Me unían a ella tantas cosas pero el tiem... ¡ups!, perdón por la interrupción, me ha llegado un mensaje por whatspp. Dice:

-Te noto circunspecto, taciturno y nefelibato, ¿qué necesitas?
-Un diccionario, por favor.

Hago una mueca al leerlo... Simpático... Patéticamente simpático...

Como decía, Amalia ya es pasado...ahora tengo otros panoramas...

Suspire para tomar valor y, con decisión, me aproxime a la mesa contigua y le pregunté a la chica sollozante:

- Te he visto llorar y no pude evitar sentirme mal por lo que pudieras sentir... ¿me permites invitarte a un café a ti ya tu acompañante para hacerte sentir mejor? - Dije con tono ligeramente melifluo.

- No... no tienes por qué preocuparte... ya me encuentro mejor...pero gracias- Dijo ella de manera secándose las lágrimas con un pañuelo. Sus lagrimas eran negras... deliciosas...

-Sí, no es nada- Dijo su amiga secamente.

- Dime, ¿cuál es tu nombre y el de tu acompañante? Mesero, ¿podría traerme un espresso panna, un vaso de agua con gas y dos nuevas bebidas para las señoritas? Estas ya están frías...-

-Con gusto mucho gusto...-

- Ahora bien, ¿me dirás tu nombre y el tu acompañante al menos para amenizar nuestras bebidas?- Dije arrodillándome cerca a ellas.

- Me llamo Nidia y mi amiga es Natalia.... Pero no hace falta que nos invites, nosotras podemos pagar y estamos bien...

-Por favor, sólo concédeme esta invitación... permíteme darte un pañuelo Nidia... eso es... si me prometes no llorar más, te mostraré una estrategia que he estudiado durante varios años, se denominan “29 pasos”, son 29 huellas de abreacción, sin nada de supino... Te aseguro que, cuando te los termine de revelar, descubrirás que eres una mujer diferente y absolutamente encantadora, encanto que ya tienes en creces...¿qué opinas?- Le dije con dulzura mirándole sus preciosos ojos color ocre.

Ella, con ojos ligeramente más brillantes, simplemente sonrió...

"Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien."
Victor Hugo.

A.A.K


Quedo a la espera de sus comentarios... Además espero recen por el alma de la pobre Amalia...


Siempre tuve debilidad por esta canción... Su letra y su sugestivo aire de experimentalidad (si me permiten el juego de la palabra), me recuerda cada batalla interna por ocultar nuestros demonios...

Portished - Roads


Algo un poco más crudo, el viejo Jhonny nos trae la muerte de su amada Delia.
Delia's Gone-Johnny Cash.


Y me perdonarán lo impertinente, pero este neo-clásico es muy bueno...
Cover de Metallica (The Misfits )-Die Die My Darling