.

.
Del todo y de nada... La alusión de un rastro de lo que nos pertenece... O quizás para rayar un poco de lo que queda...

lunes, 5 de octubre de 2015

Encuentros en Una Calle de Ningún Lugar...



Para Lori y Alice...

¿Y si este mundo fuera el infierno de otros planetas?
Aldus Huxley

Las personas no se dejan vencer por las
Circunstancias o por fuerzas que vienen de fuera,
sino de las que nacen en el interior de sí mismos”.
Banana Yoshimoto.

-Después de todo somos humanos y es claro que nos podemos equivocar...- Pensaba Allison con un aire de auto-consuelo que sólo buscaba un alivio inasible y veloz. Hace unos meses había terminado con su novio y su dolor se incrementaba ante su desesperación y suponía, con auto-sugestión continua, que no había creído haberlo amado... Ahora sabía que lo sintió plenamente y su dolor se lo recordaba constantemente...

La brisa fresca movía sus cabellos, mientras se dirigía a la cita con su ex-novio. Esa cita que se veía inexpugnable y sin dilatación; era la víspera de una conversación dependiente de un consuelo ilusorio.

Hacia unas semanas lo había querido ver, pero su cita se canceló de manera intempestiva. Recordaba aquel suceso y le dolía aún... ¿por qué la había cancelado? ¿no quería verla? ¿es que acaso su tiempo no valía? ¿era acaso un títere para su ex-novio? ¿Su amor había perdido algún atisbo de anhelo y era presa total de la cruel incertidumbre?  ¿ella era acaso una pieza más de un cruel juego de Lego que sólo servía para encasillar y ensamblar cuando a él le convenía? A pesar de sus dudas, ella lo quería aún con esas ganas perennes al iniciar un idilio, sin tapujos y sin reparos... Incluso extrañaba esa arraigada manera de besarla que disfruta incluso cuando ella se enfadaba por sus retrasos al recogerla en la universidad. ¡Sí!, sentía que esos besos era la demostración cumbre de su afecto, su vanagloria y la cumbre de su enamoramiento.

Las calles estaban llenas de transeúntes de caras desgastadas, con ese espíritu mercenario de complementar sus existencias rutinarias con televisión y su ímpetu desgastado de conseguir más dinero para sus parafilias yéndose al centro comercial “El Diamante”. Ella los observaba sabiendo que ellos querían la innoble sensación inveterada de aplastarse en sus casas a mascar sus preocupaciones y roer su tedio.

Los párvulos colegiales se veían dichosos por su salida de sus aburridas clases. Se notaba en ellos el fulgor del derroche del tiempo, la carcajada por un chiste banal y la sonrisa por no tener más encierro... al menos por el resto del día. 

Allison sólo caminaba a su encuentro mientras el manojo de nervios empezaba a aflorar cada vez más en ella, quien seguía sin entender el porqué de tanto nerviosismo. Su seguridad se disipaba lentamente a cada paso que daba, mientras evitaba el contacto visual con cualquier transeúnte.

Al cruzar la calle, cerca de un jardín pequeño lleno de flores y con un esplendido césped, veía a un gato que jugaba cruelmente con un escarabajo que trataba escapar moviendo sus patitas en todas direcciones. El gato sólo se divertía al ver tal espectáculo. Esa imagen le hizo sentir desprecio y desazón al recordarle aquel sueño que tuvo la pasada noche. Soñó viendo a su gato triste, acongojado y totalmente sucio. Decidida, salió en búsqueda de una tina para bañarlo en una piscina cercana. En un resbalón, ambos cayeron al estanque de manera acrobática. Al salir a respirar, ella buscaba a su gato con fervor y energía, mientras su gato maullaba con dolor y desconsuelo. 

Al alcanzarlo de manera ágil, logró alcanzarlo y, rápidamente, lo sacó de allí...sin embargo el gato ya no se movía. Al ver sus ojos, de ellos salían pequeños gusanos asquerosos, rugosos y ambarinos mientras el gato empezaba a parpadear de repente. Siempre se despertaba ante el mismo parpadeo crudo e infecto... ya eran dos noches con el mismo sueño...

Asqueada ante el recuerdo, cambio de calle mientras giraba su cabeza buscando la precaución de pasar la acera con calma. A pesar de todo, su trance y sus pensamientos habían girado todos los últimos tres días sobre lo mismo: gatos horribles y repugnantes, amores no correspondidos y la denostada soledad...

Se sentía insegura al pensar que, después de tanto desgaste, sentía que su ex-novio había sido su alma gemela, un hombre exento de ideas vulgares y simples, cuyo silencio siempre saludaba a la dádiva de su afecto. Sin embargo la aprensión, el prejuicio y la ingratitud toman formas anómalas y atrayentes que, al final del día, se camuflan bajo el afecto y el amor... 

Quizás no sólo era amor lo que necesitaba...

De repente, ella se dio cuenta que ya no quería llegar a su destino. Su prisa se anestesió de manera incomprensible y sus pasos fueron cada vez más lentos.... ya no estaba segura de llegar a su cita, pero era demasiado tarde para arrepentirse...

Sin darse cuenta y, lenta pero inexcusablemente, se fue acercando al lugar de la cita. Ya no tenía escapatoria para afrontar su realidad. Miro a lo lejos el reloj del campanario que daban las 5:55, mientras el sol se ocultaba bajo una nube ligeramente gris. Había llegado con cinco minutos de anticipación, y dentro de sí, Allison no sabía qué hacer. Quería salir corriendo y escapar, pero se sentía pesada, cansada y trasnochada por aquella mirada repulsiva de su gato...no quería llegar a casa a verle...

Se metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, a lo cual sacó un papelillo amarillo que decía:

Mientras mendigo tu amor,
cierras tus ojos y vislumbro tus sueños...

Desde que el tiempo es tiempo
y, desde que encontré este estuche,
mi intención se volvió contra mí...

Empero sigo mirando la senda,
donde tu misterio fue mi provocación...
ahora, es mi ruina...”

Recordaba haberlo escrito en la primera noche que soñó con su gato pero, lo que no recordaba, era de donde habían salido las fuerzas para hacerlo, ni tampoco de dónde había salido ese triste efluvio de vigor escrito.

Ella recordaba los momentos de felicidad imperante y casi sin fin. Notaba como la felicidad se desbordaba como arena de playa entre los dedos. No parecía que hubiera satisfacción más grande que su relación que, entregada al hedonismo, incurría en una vorágine de sensaciones placenteras, trascendentes y supuestamente eternas. Sin embargo, sabía que ese mundo, construido con esfuerzo; dignamente eslabonado; levantado sin desgracias, es tan sólo un castillo de naipes que, al menor soplido, sólo le dejó un manojo de infortunados apegos rencorosos y amores corroídos y trasnochados... ¿Qué más nos queda? Se preguntaba con ahínco...

Allison veía a lo lejos una pareja que se aproximaba rápidamente y con andar cómplice. Con acto rutinario y protocolario la pareja la saluda a lo lejos. El hombre al llegar le presenta su pareja. Allison, responde de manera automática a las preguntas de rigor y retorna las preguntas con un “¿y tú?” a cada una de ellas con poca soltura.

- ¿Me has traído mi bufanda y mi libro de Isabel Allende?- Agregó el hombre con cierta premura.

-Así es Felipe... aquí los tienes- Dijo Allison ligeramente indecisa. -El libro me pareció horrible, para serte franca, ¿por qué te gustó tanto?- 

-Creo que lo que me gusta de ella es que siempre saca un libro cada año. De hecho, me encanta desde que esta señorita me lo recomendó.- Dijo Felipe con la posterior sensación de haberla cagado hasta la orilla del hades.

Allison, con ligero desprecio, miró a su acompañante quien, con resignación, miraba las pertenencias de su pareja y lo azuzaba para que se fueran a ver la última película horrenda de Michael Bay. Ella la veía con sibilino desdén. 

Luego de un intercambio de algunas frases en la casilla de una formalidad acartonada, se despidieron rápidamente. Allison los veía alejarse mientras Felipe, en un acto atrevido pero afectuoso, le tomaba del brazo y ella le abrazaba con dulzura empalagosa. 

Allison noto como le resbalaban lagrimas y, con dignidad, no sollozó. Secó sus ojos con un pañuelito que saco de su bolso, y apretujó con todas sus fuerzas el papelito amarillo arrojándolo al suelo. Con dubitación empezó a caminar lentamente y, de repente, empezó a correr mientras que sus cabellos se alborotaban al viento de su correr...

Es una pena que esta historia no tenga un final -al menos una que pudiésemos conocer- no pude saber más de Allison ni de su diciente mirada. Yo, al otro lado, observando y escuchando lo que ocurría sin querer lo que les narro, terminé mi café con pesadez, pagué y recogí aquel papelillo amarillo que guardé en mi chaqueta. Caminé por las calles abarrotadas de críos malcriados que se reían a carcajadas... yo sólo contaba los adoquines que pisaba y, con las manos en los bolsillos, pensaba si por esta vez reuniría el coraje para decirle a Antonia que ya no podía seguir así... que esto se tenía que acabar...

El ser humano es un aprendiz, el dolor es su maestro.
Alfredo de Musset

J.L.C

La Renga-Veneno
 

Chavela Vargas- Piensa en mi


Rainbow- Love is not friend

Jeff Loomis- Rapture


martes, 8 de septiembre de 2015

Entre Agua y Aceite.



Desde que el agua es agua y el vino es vino, sólo es posible elegir uno.


Durante la mañana nubosa todo era algarabía. El nuevo residente y su profunda voz hacia crepitar las paredes.

-... El problema siempre ha sido la actitud del latino. “Hacer”, “cambiar” y “orden” nunca ha sido imperante en su mentalidad. Son palabras que no tiene en su diccionario personal.- Decía Ike con desprendido acento extranjero mientras que, para cada palabra, levantaba sus dedos blancos y delgados poniendo comillas ilusorias en cada una.

Amadeo desde la cocina se desperezaba moviendo circularmente sus hombros tiesos y aperezados, mientras la sartén con aceite se calentaba. Canturreaba esa canción de indescifrable melodía todas las mañanas cuando su quehacer matutino consistía en, o preparar el desayuno para sus inquilinos, o cuando no sabía por dónde empezar su faena. Sin embargo su canción se interrumpió al escuchar el acento extranjero y repulsivo de Ike que, con hedonismo progresivo, hablaba con otro residente sobre el último concierto de música electrónica en el que estuvo y cuantas mujeres de esbelta figura conoció... Hace tres meses interrumpe su melodía...

Amadeo tomó la sartén por el mango e, inmediatamente, saltaron chispeantes e infernales gotitas de aceite que le quemaron el dorso de la mano.

-¡Maldito aceite, cómo quemas!- Dijo anexando una ligera y sorda blasfemia, mientras recordaba que no había secado bien la sartén. ¿Por qué siempre olvidaba secar la sartén al hacer el desayuno? Sus ojos encima de sus grandes ojeras veían una capa fina de aceite sobre la oxidada sartén, mientras posaba su mano llena de pequitas pardas bajo el grifo de agua fría.

Cerró el grifo y tomó un par de huevos. Delicadamente los quebró echándolos sobre el aceite ya caliente. ¿Por qué no freír juntos en agua y aceite? ¡Todo sería tan sencillo! Sin esas malditas gotitas de aceite saltando por doquier...

Durante su meditación, batía y echaba pizcas de sal a los huevos. El vapor salía expelido con furia de la sartén por el ardiente y azulado fuego de la hornilla a gas. Los doraba y los giraba con ternura, mientras seguía escuchando con desaprensión esos berridos forasteros. 

-...por eso decidí quedarme aquí. ¡La gente es tan diferente aquí!- Continuaba diciendo Ike con voz triunfal sumándole una risa final que retumbaba la sala de estar. Amadeo veía su rostro de reojo, con aquellas mejillas perforadas por esos malnacidos hoyuelos que se hundían como agujeros taladrados por la fuerza de su risotada. El calor de la hornilla subía por sus delgados brazos, como una infernal sensación de incomodidad.

-Ike, ¿no tienes frio?- Dijo Amadeo mientras entraba en la sala de estar con los huevos echando vapor y veía los pies descalzos de Ike.

-No, Amadeo... ¡Tengo sueño por ese maldito ratón en el entretecho que no dejó dormir anoche!- Dijo Ike con esa expresión risueña que tanto odiaba Amadeo.

-Menos mal me acordaste. Si me das un espacio, ésta misma noche iré a ponerle la trampa al bicho ese...- Dijo forzosamente Amadeo bajo un mar de hipocresía que a duras penas pudo concitar.

-Como te decía...- Continuaba Ike tomando la sartén con los huevos y girando su cabeza a su acompañante- ...en los concierto hay mucha gente, pero yo a eso no le veo problema...

Amadeo sólo podía escuchar otra vez esa maldita conversación una vez más. Se sentía enfermo al escuchar esa cháchara que lo asaltaba día, tarde y noche...Sobre todo en las noches. ¡Todas las malditas noches desde que ese mequetrefe llegó! Además, todas las mañanas, me hace hacerle huevos con SU aceite. ¡Con ese aceite que quema! ¿Por qué no prueba el mío? Se preguntaba Amadeo que ya estaba empezando a hartarse.

Así, después del desayuno, todo el mundo se dedicó a sus tareas habituales sin pena ni gloria. Amadeo sólo quería el olvido, la rutina y su cotidianidad. A pesar de haber tenido cuatro hijas ya emancipadas, su rutina era su consuelo y su único aliciente... hasta la llegada de Ike y su ratón a interrumpirlo todo... ¿Por qué no dejaba al ratoncito en paz? Se preguntaba insistentemente mientras su rutina iba y venía entre reparar las puertas, lavar los platos, preparar café, lavar la ropa sucia, llamar a sus hijas... Todo sin reparo existencial, todo en el aura de la rutina lánguida.... ¡como debería ser!

Ya eran altas horas de la noche. En la residencia, el silencio absoluto reinaba y todo el mundo dormía... Con excepción de Amadeo. Mirando abstraído la pantalla de su computador y en plena soledad, los crudos haces de luz azulados rodeaban su rostro sudoroso, avergonzado y curioso... Se le veía exangüe y excitado. Como un ente carcomido por la depravación, sus ojos recorrían sin descanso cada recodo, cada esquina de la pantalla. Sus ojeras se marcaban cada vez más, mientras sus pupilas se deleitaban ante aquellas estampas y torsos. Imágenes llenas de resplandor...brillo, ¡brillo por su derredor!

-¿Por qué te avergüenzas? ¿No sentías curiosidad? ¿No lo deseabas?... Ahora lo tienes, ¡ahora devóralo!- Se decía con frenesí incipiente, mientras su respiración aumentaba y sus latidos retumbaban por sus sienes como trenes. Amadeo mojaba sus labios... relamía y relamía, mientras su lengua rozaba algunos pelillos de su bigote. Su pronunciada calva brillaba aceitosa y cubierta por algunos mechones de cabello rebeldes, sudorosos y adheridos a su piel blanquecina.

-Querías que llegara la noche, ¿no? Lo deseabas con ansias cómplices... - Sus ojos cafés pardos refulgieron cuando un repentino escalofrió recorrió su espinazo lleno de agitación intempestiva. Alguien entró por la puerta principal mientras encendía las luces de la sala de estar. Amadeo, acorralado y amenazado, sólo pudo secarse apresuradamente el sudor de su prolongada frente.

-¡Hola Amadeo! Pensé que nadie estaba despierto.-Dijo con soltura y ligera ebriedad Ike, mientras que Amadeo con nerviosismo hacía un ligero saludo con su mano mientras añadía un “Cómo Estás” pesado y poco suelto.

-Ehm, algo sucio...Creo que me ducharé, estoy totalmente engrasado de aceite bronceador por las “nenas”, ¿me entiendes?- Agrego Ike con una carcajada seca -Por cierto, ¿has puesto la trampa para el ratón? ¡Necesito dormir!-

-¡Ah!, Se me había olvidado ponerle la trampa...-Musitó con ligero desprecio y cinismo Amadeo, quien todavía estaba contrariado y ligeramente enajenado - Avísame cuando salgas de la ducha, no me tardaré en ponerla...- agregó cerrando lenta y cuidadosamente su computador.

Ike, levantando sus hombros para mostrar su soberbia conformidad y, haciendo una mueca de resignación, se dirigió al baño donde, acto seguido, un “crack” se siente tras la puerta. Amadeo sólo se limitaba a mirar la puerta del baño a la espera de algo. ¿Qué era lo que esperaba? ¿Por qué no iba a ponerle la trampa en su habitación mientras se duchaba para no verle su estúpida sonrisa repleta de dientes amarillos? ¿Qué lo detenía? Los minutos pasaban y escuchaba el accionar de la ducha, la caída del agua caótica y alocada. Sus pensamientos mascados viraban sin interrupción, pasaban fugaces como destellos chispeantes... recordaba aquel aceite; aquellas charlas vanílocuas y contumaces repletas de sandez; se imaginaba aquel rucio cuerpo...

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando raudal de la ducha se detuvo y salía Ike del baño mojado con una toalla ceñida a su cintura, mientras la piel de su torso despedía ligeras gotitas de agua por el piso. Amadeo recordaba aquellas pasadas imágenes y su agitación empezó a crecer. Sentía que sus manos sudaban y levantándose rápidamente, tomó la trampa para ratón con su pecosa y sudorosa mano. Lento pero a largos pasos, Amadeo siguió las brillantes gotitas que se revolcaban por la alfombra.

Ike había dejado su puerta entreabierta y, discreta pero de manera segura. Amadeo la abría cuando empezó un retumbado golpeteo de música electrónica. Al entrar, Ike giró para espetarle ese odiado semblante expresivo de felicidad forajida a Amadeo. Esos hoyuelos profundos, irrumpiendo de nuevo... Amadeo se sentía como en un enorme paraninfo resonante... sus oídos estaban a punto de estallar.

-Por cierto Amadeo, ¿qué hacías a altas horas de la noche y con computador abierto? ¡Ah! ¡Pillín pervertido! Jejeje...- reía Ike subiendo la voz hasta llegar a una gradación de falsete.

-Oye, pero Amadeo, eso que llevas en la mano no es la trampa, es acgggghhhhh...- No alcanzó a terminar Ike cuando, de repente, Amadeo aprieta el aquel cuello con sus manos, mientras la toalla cae al suelo y siente las manos de Ike agitándose y golpeando su rostro, sus brazos y su pecho....

Sólo comprime, comprime. Se ve azulado, muy azulado... y brilla, ¡brilla, como aquel resplandor!... próximo y tangible.

-¿Me muestro insignificante? ¡No lo dudes!...Eres tan contradictorio que deje de tratar de entenderte... ¡me harté de hacerlo! Te muestras insensible, lejano, tolerante, ingrato e, incluso, hasta cruel... ¿qué provecho tienen si la interacción mínima no se logra? Me siento como un servidor de bolsillo, algo para sacar cuando lo necesitas....como tu puto cepillo de dientes... me tienes pero me usas cuando se requiere... Pero ya no más... Ahora tú serás mi monigote, mi juguetito íntimo... - Decía lenta pero inclementemente Amadeo mientras la adrenalina en sus manos subía y sentía sus mejillas sonrojarse. Sus ojeras desaparecen lentamente mientras que apretaba la tráquea de Ike cuyos ojos se desorbitaban enrojeciendo y desbordándose cada vez más...

De repente Amadeo empezó sentir algo extraño... La música de Safri Duo irrumpía penetrante en la habitación. Los sonidos retumbaban en sus oídos cada vez que los timbales sonaban y un gran resoplido salió de su pecho. Su pulso empezaba a subir y sentía la luz cada vez más sensible a sus ojos. Las manos se calentaban progresiva y rápidamente...empezó a reconocer esa sensación...la conocía perfectamente.

Amadeo soltó ese cuello inerte, subió un poco el nivel de la música, cerró tras de sí la puerta entreabierta y buscó en el suelo su tarrito de aceite. Ya lo tenía claro, entre el agua y el aceite no hay intermedios.


A.A.K

Lebensessenz - Un Amour Irréalisable - Pt. I & II 
 

King Diamond - One Down to Two go

Virulo -  La otra Mejilla


lunes, 31 de agosto de 2015

La Chica Porcelana


Para Chani con gran cariño y afecto...




"La mujer es voluble como hoja movida por el viento."


Giovanni Boccaccio.


Estoy tumbado en la cama boca arriba. Veo por la ventana el inicio de la noche y los brazos de los arboles se mueven lentamente mientras la brisa entra por la ventana... Me siento fresco y liberado... Desnudo y tumbado, me siento en paz con el universo... Sé que será efímera mi sensación, sé que se irá, sé que mendigaré de nuevo un pedacito de felicidad muy pronto...

Pero el problema no es mendigar, el problema es mendigar qué y a quién.... En mi caso siempre lo he hecho con mujeres... Siempre esperamos alguna súper mujer que nos lo de todo. Que sea tan exitosa que no exista para ella el verbo fracasar. Que ella sea una de las vencedoras, de las que resalten tanto que esté por encima del promedio... Sin embargo es decepcionante saber que no hay super mujeres, esas sólo existen en los sueños de los arrabales a los cuales mis amigos y yo borrachos hacíamos referencia cuando el dolor nos llenaba las copas con aguardiente a las tres de la mañana. Pero hay otras mujeres, esas que pasan inadvertidas... Quizás las haya visto sentada en algún sitio. Quizás sea una de esas que pasan cerca a mi hombro y ni las noto. Nunca me cruzo con ellas porque no me interesan o no la distingo... A veces me creía superior, mi presunción era superlativa y buscas una, en mayoría de casos, con un atractivo físico fatal o esa plusvalsía parafílica que me hiciera soñar... Perfección y altivez. Eso es lo que buscaba, pero nunca a una de esas mujeres comunes y normales; circunspectas y sencillas; ordinarias y corrientes... Ninguna de ellas invadiría mis noches húmedas y solitarias... Además, ¿quién soy yo para decir quién es común y corriente en todo caso? Todo cambió, pero ya es tarde..., todo fue diferente con ELLA... Yo no la distinguí a ELLA... y me arrepiento...
********

La conocí en un bar. Me la presentaron como a cualquier otra chica del lugar y no quise más que cruzar unas secas pero educadas frases cruzadas: “Dónde vienes, para dónde vas, qué haces, estudias o trabajas, te gusta este sitio...”. Sus respuestas estuvieron enmarcadas en la clara indiferencia mía y en su incomodidad con el bullicioso lugar abarrotado de parranda y bacanal. Ambos moríamos de aburrimiento (a ella nadie la sacaba a bailar y a mi me disgusta hacerlo). La indiferencia por cada uno la subrayábamos con suspiros de una noche moribunda y sorbos aleatorios de mi vodka barato sin hielo y su intensamente rojizo bloody mary.

Al terminar la noche, nuestros amigos entusiasmados por la noche y el jolgorio decidieron rematar la noche en otro sitio. Yo decidí no continuar, me sentía hastiado de la noche y preferí mi tibia cama, que seguir envalentonando esfuerzos por una noche que para mi estaba muerta sin mujeres que llamaran mi atención y sin alcohol suficiente en las sienes.

La chica decidió acompañarlos. Ella estaba decidida a asesinar la noche con otro cóctel.

– Espero la pases bien.– Le dije con desgañitada y monótona voz.

- Espero que tú también la pases bien. Un gusto conocerte... – Sabia que mentía, pero está bien, todos lo hacemos por “políticas públicas”. Ella pregunta sin prisa– ¿Me recuerdas tu nombre?–
 
 – Alejandro, ¿y tú me recuerdas el tuyo, por favor?–

– Emilia. No me llames Emi, por favor. No soy una tienda de acetatos y me hace sentir vieja.–

– Ja, ja, de acuerdo Emilia...–Reí con honestidad por primera vez en la noche.

Me despedí de los demás mientras miraba por última vez a Emilia y a mis amigos alejarse para tomar un taxi. Mis amigos estaban en paroxismo completo y Emilia sonreía con poca soltura a pesar de la fiesta. ¿Que carajos le sucederá? Me preguntaba mientras caminaba por la acera repleta de gente. Me alejaba de la muchedumbre y mi pregunta se quedo entremezclada entre el limbo de la multitud.

La siguiente semana salí de nuevo con mis amigos a un lugar más “neutral” y allí estaba Emilia. La conversación fluyó a lo habitual trinidad de trabajo-pareja-estudios, que nunca abandona la mesa del viernes. Emilia callaba y sonreía con intermitencia, nadie le preguntaba nada. Ella, sentada junto a mi, se le veía temerosa y tenía una mirada de sumisión extraña. No quise ser tan indiferente como la última vez y empecé a bromear un poco... un poco de aquí y un poco de allá... que patatín, qué patatán... Mi sorpresa llegó al recibir un frío y seco “eso no me hace gracia”. ¡Uhh!...¡sorpresa! Un puñetazo directo a la boca del estomago. Es cierto, me lo merecía por hacerme el bufón barato...

-Lo siento mujer. No sabía que te incomodaban ese tipo de chistes.- le dije con sinceridad.

-No te preocupes. Pero, si quieres darme algún chiste, usa esa cabeza que tienes para algo más útil que sostenerte esa larga cabellera que tienes.-

¡Me salió ácidamente socarrona! Estaba lista con guantes de boxeo... No niego que me molestó al principio pero me gusto el sarcasmo.

-Esta bien, esta bien... Te ofrezco una muestra de paz.... Empecemos de nuevo quitando mis patosas payasadas y tu irritación, ¿te parece?-

-Esta bien Alejandro. Tu amigo Joaquín tiene razón. Eres un tipo reflexivo después de todo. Eso me gusta...-

Extrañamente empezamos discutiendo de todo. Arreglamos el mundo, lo rehicimos y nos acostamos en él. Pasamos desde política internacional hasta cómo hacer para que el arroz no se pegue en el fondo de la olla. Arremetimos contra Dan Brown y su estúpida búsqueda de conspiraciones, hasta la gregaria sensación de que en el cine de zombies ya no hay nada bueno que ver... Fue extraño y estimulante a la vez. Nunca imaginé que ella pudiera ofrecerme todo un acervo de acicates dialécticos en una noche... ¡Me empecé a emocionar! Ahora empezábamos a discutir sobre amigos:

-Lo que yo le doy, lo que yo le ofrezco no se lo doy a nadie más. Y me gusta pensar que lo que un amigo me ofrece no se lo da a nadie más. Puede que te parezca una tontería pero, ¿sabes que me parece una tontería a mi? La idea de que los celos o la infidelidad están limitados al romanticismo. Siempre sospecho que mi mejor amigo (hablaba de Joaquín) tiene alguna conexión con otra gente... que quizás recibe algo que no recibía de mi. Se que suena muy maricón y muy hiperestésico, pero él es mi amigo y pido exclusividad en su amistad.

-Es probable que sí....-Dijo ella bebiendo un sorbo de cerveza.

-Mhh...-

-Pero creo que lo que recibes de tu amigo está más allá... ¿Cuánto llevas de conocerlo a Joaquín? ¿meses? ¿años?. Hoy en día, cualquiera te dice que es su mejor amigo. Ese término ya no tiene un significado profundo como antaño. Actualmente, arropamos a desconocidos con abrazos y besos...!Los abrumamos en el segundo o tercer encuentro!... Se entregan tarjetas de cumpleaños por la oficina para que todo el mundo pueda garabatear un pintarrajo de sentimentalismo a un colega que apenas conocemos. Todo el mundo quiere a todo el mundo. Como resultado, cuando oyes que alguien te quiere no significa gran cosa, ¡es una sensación hueca!, sin garantías, sin zócalos y con superficialidad profana. Pero, para demostrárte lo que te digo, te admitiré que te quiero, eres mi mejor amigo... no imagino una vida sin ti...tú, mi mejor amigo... ¡Ja ja ja!-

-Vaya sentido del humor que tienes...- Le dije tratando de salir del desconcierto.

-Lo sé... Me imagino que por eso hemos hablado toda la noche...-

No recuerdo como sucedió, pero sucedió. Después de una noche llena de aproximaciones, indirectas, llegó el beso que ligó todo y mi apartamento se convirtió en el exilio de una noche de gusto creciente. Su desnudez tenia una horma deliciosa tierna y rígida. Su cuerpo estaba moldeado a punta de gimnasio matinalmente diario... ¡nunca me había tocado una mujer con tal cuerpazo! Si bien el primer encuentro sexual siempre es torpe y tímido, permití que ella leyera mi lenguaje corporal...  a pesar de mi tonta timidez, ¡sí que me leyó de cabo a rabo!,...

Después de los últimos retozos post-coitales, ella se encorvaba... parecía que rezaba enrollada en su cuerpo.

-Parece que rezas en esa posición... ¿a quien le oras?- pregunte irónico acercándome a su oído.

- Supongo que si estuviera rezando, veneraría a alguna deidad demoníaca...a Lucifer tal vez.... Porque es seguramente a él a quien debería adeudarle algo. Es él el único que he conocido... Sólo he conocido un ingente infierno. Un doloroso infierno... Me temo que es la única estrella que tengo y lamento que tengas que escucharlo...- Me susurro. 

A pesar de su metafórico y descarnado sarcasmo, me interesó el por qué afirmaba que su vida era ese agujero oscuro que decía que era. Al preguntar por su pasado, se abrió ante mi una mujer golpeada por la vida. Ni su infancia ni adolescencia fueron felices... o por lo menos “normales”. Su vida estuvo marcada por la proscripción temprana, escapando de casa a los 13 años de una madre indiferente, carente de afecto y divorciada de un padre brutal y machista; su infancia fue marcada por el abuso y el maltrato. Su temprana juventud fue una marginada diáspora adolescente que terminó en un refugio juvenil donde era vista como una extraña invasora, era el último eslabón en la cadena del refugio... Una marginalidad permanente en muchos de sus recodos existenciales.

Sin embargo me dijo que no se sentía miserable. Reparó su vida como pudo. Logró capacitarse y crecer... Eran sólo momentos de bajadas que ya ha superado y desea olvidar... pero con una única venganza incólume.

- ¿Venganza? ¿ Venganza contra quién?

- Quiero vengarme de alguien de mi pasado... Pero también me vengo de aquellos quienes no creyeron en mí, creando mi mundo y siendo lo que quiero ser. Me gusta ser una proscrita social... Tengo la ventaja que todo lo veo desde una lejanía objetiva y mi perspectiva es más ancha que verlo en detalles enmarcados nimios que la gente normal llama "importantes". Al principio, me sentía sin sentido y sin rumbo... mi orientación estaba perdida, con la deriva desorientada ante una críptica vida. Además, aunque no te negaré que también soy algo masoquista, me gustaba estar desorientada... pero ahora estoy tratando de encontrar a alguien que me ofrezca algo más que dos comentarios halagadores y una invitación a un restaurante costoso... 

Me dejo frío su respuesta.... Pensé que, a pesar de su dura infancia, ella había logrado olvidar, o, por lo menos,superar sus conflictos internos... Venganza, su búsqueda de resarcimiento...

- ¿Podría preguntarte por tu venganza?- Pregunté con cierto sigilo y temor. Ella me miró con cierto gesto despiadado pero sensual... Sus palabras cayeron como rocas, como mazos pesados...

- No quisiera contarte muchos detalles porque es la primera vez que te veo, pero he recibido tanto daño y he sido lastimada tantas veces, que hay eventos que nunca podré perdonar. No me malinterpretes, creo que puedo vivir con todo lo que me ha pasado, pero hay daños que tengo que redimir pensando que no se le harán a otros... Tengo que buscar exilio y descanso en mi rutina de ejercicio, mis lecturas y los pocos amigos que tengo... Pero ésta revancha es mi unción...-

Me dijo que todo esto conllevó a que se marcara en ella un empuje tremendo, una fuerza impulsiva de salir adelante sin importar las desgracias. Hasta entonces, la había considerado como una mujer dócil, frágil, temerosa, huidiza, tierna... Al conocer su historia, ya es un ser completamente opuesto: guerrera, valerosa, punzante, inteligente y sensual. Sentía que ella era una porcelana: dócil, frágil y suave. Pero, al quebrarse, es punzante, dura, fuerte... ¡Y aguanta el calor lo que quiera!

- ... Es lo único que me queda.- Me decía ella con ojos apasionados de búsquedas y de interés constante e impulsivo. -Puede que mi vida te parezca miserable, pero no es así... Simplemente he caído en cuenta que mi suerte estaba para otra cosa o, quizás, siento que estoy destinada para otra cosa... No sé si la suerte a forjado lo que soy, o si soy la gestación de una alienación planetaria. Pero entendiendo ahora lo difícil que ha sido mi vida, está en mis manos el cambiar lo que no me gusta y el ser lo que me gustará ser. No considero que seamos manipulados por el destino y que el comportamiento de nuestras moléculas sean predecibles a partir de leyes deterministas. Como te digo, creo que puedo ser lo que quiera y yo decido quien seré...-

La noche pasó así... entre preguntas y respuestas... Entre tangos de Osvaldo Pugliese, la cruda y enamoradora voz de Billie Holliday y el hard rock desgarrador de Danzig...  Yo me hice el enigmático, era ambiguo en mis respuestas y mi vida se la expuse como algo somero con tintes de opacidad, para mantener el encanto de una oscuridad postiza y que se caía a pedazos (además mi vida realmente no era tan interesante como la de ella). Emilia me miraba con sinceridad. No sé si todo lo que me dijo es cierto, pero ahora se lo creo todo. Había algo en su mirada que me impedía rechazar a sus palabras diáfanas y su rostro me mostró una crónica ambulante.

La mañana era ligeramente fría ese sábado. Emilia se había ido sin darme cuenta y aún su vida giraba en mi cabeza y mi hipocampo estaba recordando al máximo todos los sucesos de la noche: el cuerpazo de Emilia, su vida y sus desgracias... Al levantarme, encontré una pequeña nota con un beso color escarlata. Sonreí y mi celular timbra.

-¿Aló? Hola viejo Joaquín , ¿cómo estás? ¿Qué tal estás?-

-Excelente... Anoche me levanté un par de zurronas que bailaban reguetón muy sabroso. Ahí quedé con los teléfono... Y vos qué con Emilia, ¿ya te la zampaste?-

- Vos si no podés ser más basto y ordinario porque tu mamá no te amamantó con pecho sino con axila, ¿no?-

-Ah... no te pongás así Alejandro... Pero, ¡huy marica!, contame los detalles con Emilia... ¿está buena?-

-Me encantó la nena... Tiene un cuerpazo y es muy inteligente...-

- Lo sabía... ¿Me la vas a rotar?-

-Cómo se te ocurre... además, ¿por que ella? Vos estabas fijándote en las dos amigas tuyas del bar, además las que me acabas de contar...-

- Está bien, no te pongas melodramático y trascendental como siempre... ya sabes que yo sólo vivo para torturarte...-

- Tan gracioso el gaznápiro este... Además no podré ver a Emilia nunca más...-

-¡¿Cómo?! ¿Y eso por qué? -


- Ella me encanta, me gusta demasiado... pero está destrozada, está muerta en vida. Nunca podría estar con una mujer así...-

- Alejando, sos un hombre de 30 años, profesional, con un buen empleo y, tómate esto como un cumplido sensato, no eres nada feo... pero ese comentario que dices la saca del estadio... ¿es que tenés 12 años para andar diciendo eso? ¿tu mamá te está cambiando pañales todavía? Te presenté a Emilia porque sabia que, a pesar de su discreción e introversión, a pesar de ser una mujer destrozada, es una mujer que guarda encantos que no le enseña a cualquiera, que es de esas mujeres que enloquecen, que valen la pena... ¿qué putas te está pasando?-

-Francamente me da miedo una mujer así... No quiero recogerla del suelo como a Alexandra... Además yo esperaba un encuentro nocturno, no una mujer para recoger en pedacitos...

-Te presente a Emilia para que te busqués, de una vez por todas, una mujer de verdad, una mujer con carácter y discernimiento. Un mujer con la lucidez necesaria para distinguir entre lo que hay entre la perspicacia aguda y el simple sarcasmo simplón... Yo no sé que esperabas... Creo que sos un barco a la deriva. Creí que tenías un rumbo pero no sabes cómo manejarlo... Además Emilia es toda una mujer...

- No me jodás Joaquín... A veces sentía que ella pedía mi auxilio, que quería mi ayuda... No sé cómo manipularlo... sus ojos verdes siempre me decían algo... a veces eran dulces, tiernos y suaves; otras veces me miraban con anhelo buscando salidas... salidas que yo sabía que no le podía dar. Pensé toda la noche que debía haber hecho algo, pero solamente le dejo una noche húmeda más... Y, aunque me duela le dejé una vaga y efímera felicidad... la recuerdo como la chica porcelana... Aquella chica frágil, muy frágil... Pero, a su vez, cuando se quiebra, es dura, punzante... Espinosa y puntiaguda... Alguien a quien no querría ver resquebrajado, alguien a quien no querría quebrar; alguien que me recuerda a una amazona a una guerrera mítica; alguien a quien admirar con ejemplo de temple en su dura vida.

- ¿Sabes Alejandro? No eres más imbécil y más güevón porque no te levantas más temprano. Tu filosfía barata y tus símiles no te llevarán muy lejos... Ya le diré que no le interesas y la próxima vez buscas por tu cuenta... Bueno, ya sabés... me llamas para esta noche, ¿no? 

J.L.C

Celia Cruz - Bravo
Billie Holiday - I Can't Give You Anything But Love
María Salgado - Sólo por miedo.

lunes, 17 de agosto de 2015

Entre Los Hijos de mi Profesor, El Aburrimiento, Los Fanáticos de Star Wars y El Rasquinball...



“Matar mi juventud con dagas ansiosas; ostentar
la librea extravagante de esta edad mezquina;
dejar que cada mano vil se hunda en mi tesoro;
trenzar mi alma al cabello de una mujer
y ser sólo un siervo de Fortuna. Lo juro,
¡no me agrada! Todo eso es menos para mí
que la fina espuma que se inquieta en el mar,
menos que el vilano sin semilla
en el aire estival. Mejor permanecer lejos
de esos necios que con calumnias se burlan de mi vida,
aunque no me conozcan. Mejor el más modesto techo
para abrigar al peón más abatido
que volver a esa cueva oscura de guerras,
donde mi alma blanca besó por vez primera la boca del pecado.”


“Taedium Vitae” Oscar Wilde.



Todo empezó desde el momento en que me senté a la mesa. Ellas charlaban sobre cremas humectantes y la reciente obesidad que ha acaecido sobre una de ellas. Yo me encontraba entre las lentejas y el arroz, escarbando la poca carne que tenia el almuerzo y buscaba algún pensamiento que me llevará lejos de esa oquedad, de todo ese arsenal de fruslerías y superficialidad cosmética.

No niego que ellas parecían buscar sus amuletos para la cotidianidad, mientras que yo, haciéndome el trascendental y profundo metafísico (ejem...), criticaba las noticias y las espoliaba a que ellas a desbordar alguna postura de esencia relevante... no lo logré. Siguieron cayendo, fluyeron y regurgitaron más  nimiedades. Se desbordaron, se rieron por cada poro, girando en torno a esa charla tan... tan....¿tediosa? ¿lo he dicho? La verdad es que no me encontraba en el mejor animo para charlar porque, para más INRI, me sentía cansado de escucharlas, con ganas de tapar mis oídos, no quería soportar más esa conversación espinosamente aburrida y definitivamente infructuosa; además me sentía estafado por esas lentejas sin carne. Aunque, ¿quién no ha tenido alguna charla así? ¿quién soy yo para juzgar cuál charla es más intelectualmente interesante? ¿quién no ha caído en la manos pegajosas y empalagosas de esas charlas? 

Al poco rato de estar en tan desesperante conversación, me encontraba en  clase. Mi profesor discutía sobre el ruido y los efectos en los seres humanos. Si bien este tema impacta a mis intereses actuales, lo que más llamó mi atención fue una ejemplificación que mi profesor asió con el fin de discutir la
importancia del paisaje sonoro. Dijo:

-Miren, el paisaje sonoro puede que no sorprenda a nadie, de hecho, ¡se pensaría que a nadie le importa! Sin embargo puede ser de profunda trascendencia para una comunidad a la cual está acostumbrada a un “ruido”. Puede ser que ese ruido no se manifieste como algo grande, sino como algo aburrido y monótono. Es como cuando voy con mis hijos al cine y terminamos de ver una película. Ellos me preguntan “papá, ¿qué haremos después de la peli?”, yo les respondo“nada, iremos a casa y ya está...”. Dicen ellos en coro protestante infantil “¿ya está? ¡qué aburrimiento!”. Les digo ”¡qué bueno que estén aburridos!”. Ellos me miran con cara de no prestar atención a mis palabras y luego, después de estar en casa y pasar unas cuantas horas en casa, me dicen “papá, estamos muy aburridos”, yo les respondo “chiquillos, ¡me alegro mucho!”. Ustedes se sorprenderán por que les digo esto; la razón es simple: Entre más te aburres, más pensarás. Nuestra creatividad está ligada a nuestro nivel de aburrimiento. Entre más aburrimiento, mis hijos estarán con más ganas de imaginar nuevos juegos. ¿Cuál es la necesidad de meter a tus hijos en cuanto curso de natación, fútbol, pintura, violín, karate, canto y demás cursos sino disfrutan un poco de su existencia y su imaginación?... Pobres chiquillos... En fin, ¡feliz tarde!-

Nuestra clase acabó allí, con ese sabor ácido que el ejemplo de mi profesor mostraba la víspera de algún tipo de lucubración de mi parte. Es más, lo pensé como un elemento mucho más revelador que el sólo columbrar la frustración de los hijos de mi profesor.

Ante esta serie de eventos y conjunto a la confesión de mi profesor, la esquizofrénica necesidad de escribir pulsaba mis sienes y un escalofrío recorrió mi espinazo... ¡Qué aburrida es la cotidianidad! Charlas sobre rutinas de ejercicios, clases embrolladas y pesadas, discusiones sobre terapias de yoga y restaurantes, burlas superficiales y vacuas, multitudes alienadas por sus teléfonos celulares, discursos y reuniones infructuosas con vanílocuos moderadores y, la joya de la corona, el burbujeante recuerdo de aquellos domingos corroídos por el tedio... Los ejemplos cunden y nuestros suspiros aumentan con cada uno de esos recuerdos...


Ahora estaba en el cine. Me encontraba en un festival de terror donde estaban adelantando la celebración por el aniversario de “La Guerra de Las Galaxias”(o eso me pareció que era). Al acercarme discretamente a los fanáticos me encontraba ante las mismas regurgitadas y re-mascadas discusiones pueriles sobre la "fuerza", los jedis, el halcón milenario y la belleza de la princesa Padmé Amidala. Ya con esto, sentía el fluir del tedio palpitando y presagiaba un aburrimiento que se adueñaría poco a poco de mis flacas carnes. Aunque, aclaro de una vez, habían cierta espera a la película que no me permitía abrazar plenamente mi amodorramiento paulatino.

A la espera de la película (aclaro que, al ir a la matiné, no sabía que película se proyectaría), pude constatar el bodrio que me senté a ver (dizque “The collection”) y, ¡ahí si!, me agarró la sensación de insignificancia ante el acto que contemplaba. Esto, además armonizado y adobado con la compañía de unos adolescentes bisoños que, al parecer, tenían más interés en sus chismes triviales y sus teléfonos móviles, me dio todo el derecho de aburrirme. Así, la desgana se hizo presente y, escarbando en sus sensaciones, me encomiendo a su bendición para decirles a continuación un par de pendejadas que me quedaron rondando en la cabeza... ¡Pero antes!, un aviso publicitario...

“Es muy importante tener tiempo libre. Hay que parar por completo y no hacer nada por largos períodos para no perderlo todo. Seas un actor o una ama de casa, cualquier cosa, tiene que haber grandes pausas en las que no haces nada. Uno se tira en una cama a mirar el techo. Hacer nada es muy, muy importante. ¿Y cuánta gente lo hace en la sociedad moderna? Muy poca. Por eso la mayoría está totalmente loca, frustrada, enojada y odiosa. Antes de casarme, o de conocer a muchas mujeres,bajaba las cortinas y me metía en la cama por tres o cuatro días. Me levantaba para cagar y para comer una lata de fríjoles. Después me vestía y salía a la calle, y el sol brillaba y los sonidos eran maravillosos. Me sentía poderoso, como una batería recargada. Pero, ¿sabés qué me tiraba abajo? El primer rostro humano que veía en la vereda. Esa cara no más me hacía perder la mitad de la carga. Esta cara monstruosa, sin expresión, tonta, sin sentimientos, cargada de capitalismo. Pero aún así valía la pena, me quedaba la mitad de la carga todavía. Por eso el tiempo libre es importante. Y no digo tomarse tiempo para tener pensamientos profundos. Hablo de no pensar en absoluto. Sin pensamientos de progreso, sin pensamientos sobre uno mismo. Sólo ser un haragán. Es hermoso”.


Charles Bukowski.


Para el eclipse de todas estas situaciones que les he contado y que se anteponían a mi pensamiento como una revelación de notorio predicado, me permeé ante los flujos del tedio todo un día... ¡Sí, todo el maldito día holgazanenando! Como amuletos de cotidianidad, siempre tenemos alguna referencia a charlas aburridas o alguna tarde dominguera donde nos empieza a corroer esa necesidad de algún quehacer que queme nuestro tedio. ¡Yo quería una situación extrema, brutal e inolvidable! Así que, para mi experimento lo hice pero, obviamente, con muchos remordimientos y reparos ante lo que haría... Sé que pudo correr riesgo mi vida en este asunto... Sin embargo creo que el tiempo invertido y la situación acaecida ha dado sus frutos porque, ¿cómo escribir sobre el aburrimiento sin estar embriagado por él? ¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase: ”no hice nada el domingo... sólo pereza”? Cómo una especie de “folie a deux”, sólo que a modo multitudinario, frecuentemente nos sentimos mal entre nosotros por darnos ese tiempo pero, ¿acaso no es para eso que nuestro salvador dios, nuestro señor, nos dio ese consagrado día? ¿cómo no centrarnos existencialmente en ese programa dominguero embadurnado de atonía y desgana? ¿Cómo no volver a ver por n-esima vez “El Día de La Independencia” y su destrucción planetaria; “Terminator II” y su Schwarzenegger malote; los “Pequeños Guerreros” y la lucha entre Gorgonitas y el comando Elite; “Un Ángel Enamorado” y un infortunado Nicholas Cage o “Dulce Noviembre” y su trivializado romance avinagrado?

Al arropo de nuestro aburrimiento y ese afán que tenemos por invertir nuestro tiempo, nos olvidamos de nuestros pensamientos, nuestras querencias, nuestros influjos y hasta nuestras vidas. Vivimos en un mundo acelerado, sin freno de emergencia al cual echar mano; no paramos hasta que nuestras arcas energéticas queden acabadas, sin una gota de fuerza. Vemos deshonroso a aquel intrépido cosaco amigo nuestro que nada hace un domingo. ¡Bendito seas amigo! Eres el recordatorio de nuestras infancias
llenas de imaginación e historias repletas de fantasía... Si fueras un infante ahora, serías el muchachito lleno de síndrome de hiperactividad y estarías cargando un embudo bucal por donde te llenarían la garganta con anfetaminas...

¡Condensando toda la situación!, aburrirnos está muy mal visto... El aburrimiento se convirtió en la neurastenia universal... Porque, ¿quién quiere admitir ser o estar aburrido? Nos han metido en la cabeza la insoportable y contumaz pesadez de no saber que hacer con el tiempo y esa necesidad de hiperproducción suicida de exprimir nuestro tiempo como modo de fabricación de ideales, progreso y, ¡sobre todo!, felicidad; sí, ustedes la conocen... esa escurridiza, escatimosa y malnacida furcia que, durante nuestro tiempo, aflora y marchita como un arco iris.

Ante esto, vivimos entre dos quehaceres extremos. En la legislatura de dos bipartidismos erigidos y poco cuestionados socialmente. Tenemos, por una parte, un trabajo abrumador y absorbente al estilo Orwelliano de “1984”, donde el pensamiento ya encasillado es capturado por obras despilfarradas en nuestros empleos (muchos mal pagados) y somos juzgados por la ejecución de nuestro trabajo y el rendimiento administrativo de nuestros aburridas faenas sin descanso. Vemos, como inversión a largo tiempo y a plazos pagados en años y vidas enteras, un trabajo continuo e imparable. Pagamos nuestras deudas con nuestras energías y mejores momentos expresados vívidamente y, las migajas de tiempo que nos sobren, son interceptados por nuestras ocupaciones que nos procuran sólo un poco de esas diversiones que luego nos esperarán...

Por otro lado, tenemos la diversión sin contención al mejore estilo de “Un Mundo Feliz”, ¡con “soma” incluida!, dónde los teléfonos celulares inteligentes muestran nuestra sabiduría; los juegos de video datan, clasifican y calibran nuestras conciencias y nuestras ficciones; y las redes sociales llenan la existencia en esa soledad grupal atizándola o mitigandola.... ¡venta de felicidad y excitación enlatada!

Ante esto último, como sabrán, hay un negocio en el entretenimiento y, donde hay negocio, hay capital. ¡Hemos mercantilizado hasta nuestro aburrimiento! Además para nadie es un secreto que el capitalismo no soporta nuestro tedio. Hay un mundo de controles remotos que lo manipulan todo; bandas elásticas que reducen grasa mientras estamos aplastados trabajando; juegos sobre la vida de otros (no somos capaces de manipular ni la nuestra); gurús que hablan de terapias de como re-encontrarnos con nuestro niño perdido; compañía sicalíptica empaquetada para “comer y desechar”,... hasta el fetichismo lo encontramos en los supermercados... ¡el amor líquido de Zigmunt Bauman en todo su esplendor!...¿cómo aburrirnos con todo este frenesí y cantidad de productos?

Bajo esta óptica, no quiero sonar como un contumaz neo-hippie anti-sistema enarbolando las banderas del veganismo new age, sin embargo si quiero enfatizar la marcada diferencia entre consumo responsable y consumismo. Porque, entre más consumimos, ¡más nos aburrimos!, ¿no les ha pasado? Entre más carecemos de ese efecto sorpresa ya nada nos aterra, somos vacunados contra la admiración y la extrañeza y, esa condición de fascinación natural, se desploma y cae en desuso. Es ese mosquito que, cada vez que nos pica, vuelve por más... Somos rodeados por esa publicidad anti-ausencia de aburrimiento y de tedio... Soportamos actividades perpetuas todos los días del año y, para motivarnos por esta existencia tan desoladora, necesitamos potencias nuestros deseos, nuestras diversiones y nuestros excesos consumiendo más y más...

Evitamos aburrirnos porque nos hace sentir insignificantes, nos sentimos atrapados bajo una existencia que esperamos sea vivida y emocionante, llena de riesgos y aventuras. ¿quién quisiera una vida aburrida? ¿soportarían estar con alguien aburrido? Nunca resaltamos en nuestro estado de sopor ese cariz de finitud, de restricción y de patente agotamiento. Queremos sobresalir, mostrarnos, acompasarnos con los grandes elucubrantes y expertos petimetres. Pero aún no hemos dado un vistazo a nuestras existencias efímeras y, ante tanto divertimento desmedido y despótica efectividad temporal en nuestras obras, se nos olvidó que el aburrimiento muestra la piel desnuda del tiempo, la despelleja, la escupe y se la pone de nuevo.... Perdimos la efectividad del marasmo y la languidez...
Lo decía implícito mi profesor, ¿dónde quedaron nuestros pensamientos en tal caterva de sensaciones y malgasto activo del tiempo? ¿entre el derroche y la inapetencia? ¿Entre el cansancio y la ataraxia?

Por fortuna esto tiene consuelo y alivio... Caigan en el cobijo del aburrimiento, envenénense con él, duerman bajo su almidonado influjo y prueben si hay surgimiento de ideas y de pensamientos... Ahora consideren la posibilidad de saborear, por lo menos la mañana siguiente de un domingo repleto de tedio absorbente; el mundo no parecerá tan monocromático, tan estúpidamente continuo... y, para aquellos creativos, pregúntense si tan sólo hay algún asomo de inventiva posterior...

Ahora será desperezarme... ¡¡¡mhhhh!!! ah... Qué pereza hace... pero creo que, ahora que les he dicho todo esta perorata, el mundo grisáceo y lluvioso que tengo afuera ya no me parece un mundo oscuro lleno de hojas marchitas otoñales... ya veo matices entre tanta oscuridad invernal...

En fin... Pero, aún así, los fanáticos de Star Wars me siguen pareciendo párvulos melancólicos amantes de una saga banal... creo que la próxima vez que me siente a ver la próxima película de “la Guerra de Las Galaxias” otro rasquinball me esperará...


“El amor es algo que no se aprende en los libros; es como un fluido fugaz que surge inopinadamente para tocarnos con su varita mágica, y que después se desvanece en la niebla del tedio. “


Groucho Marx.



A.A.K.